Los Seis Libros sobre el Sacerdocio

San Juan Crisóstomo

Descripción

Obra sublime de uno de los más grandes Padres griegos de la Iglesia, Los Seis Libros sobre el Sacerdocio de San Juan Crisóstomo son una joya espiritual que revela, con profundidad teológica y ardor apostólico, la grandeza, el peso y la santidad del ministerio sacerdotal.

Escritos hacia el año 386, estos libros —en forma de diálogo entre el Santo y su amigo Basilio— son una meditación sobre el misterio del sacerdocio católico: su dignidad altísima, su responsabilidad temible y su unión íntima con el Sacrificio de Cristo. San Juan Crisóstomo muestra que el sacerdote, aun siendo hombre, ha sido colocado por Dios entre el cielo y la tierra, mediador entre Dios y los hombres, ministro de los divinos misterios, y administrador de la salvación de las almas.

Con una elocuencia que brota de la experiencia interior y del amor a Jesucristo, el Santo Doctor describe el sacerdocio no como un honor humano, sino como una cruz:

“El sacerdote debe ser puro como si viviera en el cielo mismo, mientras habita todavía entre los hombres.”

Este tratado, lleno de luz sobrenatural, enseña que el sacerdote debe ser al mismo tiempo pastor y víctima, maestro y ejemplo, predicador y penitente, hombre de oración y amigo de Dios. Su vida debe reflejar la santidad del altar y el sacrificio perpetuo del Calvario.

Los Seis Libros sobre el Sacerdocio son un llamado a redescubrir la dignidad sagrada del orden sacerdotal, hoy tan oscurecida.

Es un texto indispensable para todo sacerdote que desea vivir su vocación en espíritu de sacrificio, pureza y celo apostólico; y también para los fieles que quieran comprender el valor infinito del sacerdocio católico y rezar por la santificación de los ministros de Cristo.

San Juan Crisóstomo (c. 349-407), justamente llamado “Boca de Oro” por la insuperable elocuencia y ortodoxia de su predicación, fue un coloso de la Iglesia universal, forjado primero en la rigurosa retórica clásica y santificado posteriormente en los rigores de la ascesis monástica antes de ser ordenado diácono y presbítero en Antioquía, y finalmente elevado a la sede arzobispal de Constantinopla. Su vida fue un calvario de fidelidad inquebrantable a los derechos de Dios y de la Iglesia, pagando con el destierro y el martirio incruento su valerosa negativa a doblegarse ante las corrupciones del poder imperial y las intrigas de los falsos pastores. Doctor de la Iglesia y exégeta insigne, su figura se erige hoy en día como un reproche viviente contra el modernismo y la tibieza pastoral, recordándonos que el verdadero sacerdote debe estar dispuesto a ser anatema por la salvación de la grey de Jesucristo

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