Santa Luisa de Marillac

“Cuidad mucho el servicio a los pobres y, sobre todo, vivid en una gran unión y cordialidad, amándoos unas a otras para imitar la unión y la vida de Nuestro Señor. Pedid mucho a la Santísima Virgen que Ella sea vuestra única Madre.” Santa Luisa de Marillac

Este documental nos sumerge en la vida de una mujer que, tras pasar por la “noche oscura” del sufrimiento personal y la viudez, encontró en la voluntad divina el camino para servir a Jesucristo en sus miembros más dolientes: los pobres.

  • El documental recorre los 54 años de búsqueda de Luisa, marcados por la duda y el sufrimiento, hasta que la “Luz de Pentecostés” en 1623 le reveló que su misión sería servir al prójimo en una pequeña comunidad de mujeres consagradas.
  • Se narra la unión providencial de dos almas santas. San Vicente de Paúl fue el guía que condujo a Luisa hacia su verdadero tesoro: los pobres, a quienes ella amó con “ternura de madre y caridad de mujer cristiana”.
  • El video detalla el nacimiento de la Compañía el 29 de noviembre de 1633. Verás cómo Luisa formó a las primeras hermanas, como Margarita Naseau, enseñándoles que no basta servir de nombre, sino de corazón, viendo a Dios en cada enfermo y niño abandonado.
  • Desde la atención a los galeotes hasta la creación de hogares para niños expósitos y ancianos, el documental muestra cómo Luisa no puso límites a su caridad, extendiendo su obra incluso hasta Polonia.
  • La obra culmina con su tránsito al cielo en 1660, dejando a sus hijas un legado de unión, cordialidad y amor mutuo para imitar la vida de Nuestro Señor.

Dos siglos después, la Providencia eligió precisamente a una Hija de la Caridad, Santa Catalina Labouré, para manifestar al mundo el tesoro de la Medalla Milagrosa. En 1830, en la capilla de la Casa Madre de las Hijas de la Caridad (fundada por Santa Luisa de Marillac con la ayuda de San Vicente de Paúl), la Virgen se apareció para confirmar que la obra de sus fundadores seguía siendo el jardín predilecto de su Inmaculado Corazón. Santa Catalina Labouré no solo fue una fiel seguidora de la regla de Santa Luisa, sino que elevó la misión de la Compañía al unir el servicio a los pobres con la devoción universal a la Medalla Milagrosa.

La verdadera reforma de la sociedad no viene de ideologías, sino de almas que, como Santa Luisa, se arrodillan ante Dios para luego levantarse y lavar los pies a los pobres con humildad y mansedumbre.

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