Santa Bernadette Soubirous

No tengo por misión el haceros creer; tengo por misión el deciros lo que se me ha dicho”., Pecador es el que ama el mal”. Santa Bernadette Soubirous

“Para los que creen, ninguna explicación es necesaria; para los que no creen, ninguna explicación es posible”. Con esta máxima comienza la crónica de los sucesos de 1858 en el humilde pueblo de Lourdes, Francia. Esta película nos traslada a la vida de Bernadette Soubirous, una joven cuya sencillez y salud quebradiza se convirtieron en el instrumento elegido por la Providencia para recordar al mundo la realidad de lo sobrenatural.

La película retrata magistralmente la indigencia de la familia Soubirous, que vive en “el calabozo”, una antigua prisión lóbrega.(Había sido la cárcel del pueblo, pero la habían abandonado por ser demasiado insalubre incluso para los criminales. Allí es donde el primo de los Soubirous les permite refugiarse gratuitamente porque no tenían dinero para pagar una renta tras la quiebra del molino del padre). Bernadette, a sus 14 años, es presentada como una niña “torpe” para las letras y el catecismo escolar, pero dotada de una pureza de corazón que escapa a la soberbia de sus maestros y autoridades.

El 11 de febrero, en la Gruta de Massabielle, el cielo toca la tierra. Bernadette ve a una “Señora” de belleza inefable, vestida de blanco con una banda azul y rosas de oro en sus pies. A través de las sucesivas apariciones, la película muestra el contraste entre la paz de la visión y la furia del mundo:

  • La lucha contra el racionalismo: El fiscal imperial y el comisario Jacomet representan la ceguera del Estado moderno, intentando encarcelar la fe bajo el pretexto de “fraude” o “locura”.
  • La prueba del milagro: Ante la duda del Padre Peyramale, la Virgen responde no con rosas de invierno en el rosal, sino con algo más profundo: un manantial que surge del barro, agua que pronto comenzará a curar a los ciegos y tullidos del pueblo.
  • El Dogma: Finalmente, la Señora revela su nombre: “Yo soy la Inmaculada Concepción”. Palabras que la joven Bernadette no comprendía, pero que confirmaban el dogma proclamado apenas cuatro años antes por el Papa Pío IX.

La película no termina en el triunfo popular de Lourdes, sino en el sacrificio silencioso. Su tuberculosis ósea y sus dolores inenarrables son su respuesta al mundo. Cumple así la promesa de la Virgen: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro”.

Esta película es un recordatorio de que la verdadera gloria de la Iglesia no reside en el reconocimiento político ni en la riqueza material, sino en la fidelidad a la Tradición y en la aceptación de la voluntad divina.

Santa Bernadette Soubirous nos enseña que ante el modernismo y el escepticismo de nuestra era, la oración del Santo Rosario y la penitencia son las únicas fuentes de curación para el alma.

Scroll al inicio