Beata Ángela de Foligno: De la miseria del Pecado a las Cumbres del Amor Crucificado

Historia

Ángela nació en Foligno hacia el año 1248, en el seno de una familia rica. Casada muy joven, vivió durante años entregada a los placeres del mundo, arrastrada por un corazón apasionado, una madre frívola y un esposo sin afecto. Lejos de Dios, descuidó gravemente sus deberes de esposa y madre, y se sumergió en una vida de desórdenes que la alejaban cada vez más de la gracia.

Hacia los treinta y siete años, aterrada por el peligro de condenarse eternamente, comenzó a sentir los primeros toques de la gracia. Intentó confesarse, pero lo hizo mal, ocultando los pecados más graves por vergüenza, y añadió al sacrilegio una comunión indigna. Sin embargo, el Señor, rico en misericordia, permitió que un remordimiento continuo atormentara su alma día y noche, hasta moverla a buscar una conversión verdadera.

Después de suplicar con lágrimas un confesor prudente, recibió una gracia singular: San Francisco de Asís se le apareció y le aseguró que Dios escuchaba su súplica. Al día siguiente, halló al franciscano Fray Arnaldo, ante quien realizó una confesión completa, dolorosa y sincera. Desde ese momento comenzó en ella una reforma radical de vida, entregándose a la oración, la penitencia y las virtudes cristianas.

Dios permitió que, en breve tiempo, murieran su madre, su esposo y sus hijos. Estas pérdidas, dolorosas humanamente, la liberaron de todo lazo terreno y la impulsaron a una entrega total. Repartió sus bienes entre los pobres, abrazó una vida de pobreza y permaneció recluida, dedicada a la oración y a las obras de misericordia, asistiendo especialmente a enfermos y leprosos.

Ingresó en la Tercera Orden de San Francisco y emprendió una peregrinación a Asís. Durante el camino recibió una de las gracias más sublimes de su vida: la aparición de la Santísima Trinidad, que la acompañó y se manifestó a su alma con palabras de amor. Cristo mismo le entregó un anillo, desposándola espiritualmente como esposa suya.

A partir de entonces, fue elevada a altísimos estados místicos. Contempló con particular intensidad la Pasión del Señor, participando interiormente de sus dolores hasta experimentar sufrimientos físicos y espirituales profundísimos. Jesús crucificado se le aparecía con frecuencia, recordándole cuánto había padecido por ella.

No le faltaron terribles pruebas: tentaciones, oscuridades, desesperaciones y ataques del demonio durante largos años. En medio de esas luchas, Ángela perseveró con heroica fidelidad, sin abandonar la penitencia ni la caridad. Su amor a los pobres, especialmente a los más repugnantes a la carne, alcanzó una perfección extraordinaria.

En sus últimos años vivió en una paz profunda, casi continuamente absorta en Dios. Murió santamente el 4 de enero de 1309, pronunciando palabras de amor, humildad y abandono total en Dios. Fue venerada como beata desde su muerte, y la Iglesia confirmó oficialmente su culto siglos después.

Lecciones

1. Dios puede levantar a las almas más hundidas
La vida de Ángela muestra que ningún pecado es más fuerte que la misericordia divina cuando hay arrepentimiento sincero.

2. La verdadera conversión exige verdad y penitencia
No bastan los buenos sentimientos: la confesión íntegra, la reparación y la reforma de vida son indispensables.

3. El amor a Cristo crucificado purifica el alma
La contemplación de la Pasión fue el camino por el cual Ángela fue transformada y unida íntimamente a Dios.

4. La caridad hacia los pobres es señal de unión con Dios
En los enfermos y despreciados, Ángela supo reconocer y servir al mismo Cristo.

La Beata Ángela de Foligno nos enseña que solo quien desciende humildemente al conocimiento de su Miseria como Pecador puede ser elevado al Cielo.

Fuentes: FSSPX; El Santo de cada día

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