La Práctica de la Humildad
PAPA LEON XIII

Descripción
Esta obra es un procedimiento directo. Se divide en 60 puntos o “avisos” que actúan como lecciones de un maestro a su discípulo. Su premisa es clara: “No creas que vas a adquirir la humildad sin las prácticas que le son propias”. Propone actos concretos de mansedumbre, paciencia, obediencia y el silencio ante el desprecio para destruir el reino del amor propio.
Siguiendo a San Agustín, el libro enseña que para levantar un edificio de gran altura (la santidad), primero hay que cavar cimientos profundos de humildad. Presenta a esta virtud como la “puerta de la misericordia”: mientras que Dios resiste a los soberbios, solo abre el Reino a los que se hacen pequeños como niños.
El texto ofrece una guía detallada para el comportamiento social y espiritual:
- En la conversación: Evitar palabras altaneras, no dárselas de maestro y callar lo que pueda darnos fama de graciosos.
- Ante las injurias: No irritarse, sino ver en quien nos ofende un “instrumento de la misericordia divina” para curar nuestro orgullo.
- En el trato ajeno: Interpretar benignamente las acciones de los demás y buscar siempre el lugar más humilde.
- En la vida interior: Desconfiar del juicio propio y refugiarse en las llagas de Jesucristo en lugar de mendigar el amor de las criaturas.
- San Antonio María Claret: Define la humildad como el conocimiento de nuestra propia nada y miseria.
- San Juan María Vianney (Cura de Ars): Explica que la humildad es la raíz de todas las virtudes; sin ella, aunque se posean otras facultades, no se tiene nada ante Dios.
- Jaime Balmes: fue un sacerdote español, filósofo, teólogo y sociólogo, considerado uno de los pensadores católicos más brillantes del siglo XIX. En su “Carta a un escéptico en materia de religión“, defiende con lógica la humildad como “la Verdad” (siguiendo a Santa Teresa) , demostrando que ser humilde no es engañarse, sino reconocer el origen divino de nuestros dones.
Si lo sigues con devoción, estarás bebiendo de la misma fuente que el Papa León XIII recomendó para la salvación de las almas.
Este libro es el “negocio más importante” en el que un alma puede ocuparse. Es una invitación a morir al mundo para vivir en Cristo, usando como armas el conocimiento propio, el desprecio de los honores y el auxilio de la Santísima Virgen, modelo supremo de humildad.
Papa León XIII (el insigne “Papa de las Encíclicas” y soberano de la Iglesia Militante entre 1878 y 1903) es volverse hacia un faro providencial de restauración romana frente a los embates del error modernista y la descomposición social. Con una lucidez teológica implacable y una visión profundamente tomista, este Vicario de Cristo no solo ordenó el retorno obligatorio al estudio del Doctor Angélico mediante la encíclica Aeterni Patris, sino que blindó a la Cristiandad contra las ponzoñas del socialismo, la masonería y el liberalismo, legándonos además la doctrina social más pura con la Rerum Novarum y ordenando la recitación de las oraciones leoninas al final de cada Misa Rezada para aplastar las asechanzas del enemigo infernal. Su pluma no buscaba el aplauso del mundo, sino someter todas las estructuras temporales al imperio sagrado y universal de Nuestro Señor Jesucristo


