De la Excelencia de la Nueva Milicia
San Bernardo de Claraval

Descripción
Este tratado es el manifiesto de la Caballería Cristiana. San Bernardo escribe a los hombres a dejar la “malicia” (la guerra vana por orgullo y tierras) y abrazar la “Milicia de Dios”. Es el manual definitivo para comprender que la fuerza del HOMBRE solo encuentra su perfección cuando se somete totalmente al Servicio de DIOS y la defensa de la Santa Iglesia.
- El Santo explica que el caballero cristiano no es aquel que solo viste hierro, sino el que está blindado por la Gracia. Si el soldado no tiene el alma en orden, su espada es inútil. Enseña que la muerte por Cristo es una “ganancia” y una corona de gloria.
- Describe un modo de vida radical: hombres que viven en comunidad, sin propiedad privada, en silencio y obediencia, con el cabello corto y el rostro curtido por el sol y el polvo, alejados de las burlas y los juegos mundanos.
San Bernardo de Claraval (1090-1153) fue el “Oráculo de su siglo” y una de las figuras más imponentes de la historia de la Cristiandad.
- Siendo muy joven, entró en el Císter con treinta compañeros, revitalizando una orden que languidecía y fundando el monasterio de Claraval (Clairvaux). Su espíritu de reforma buscaba volver a la estricta observancia de la regla de San Benito: oración, silencio y trabajo manual.
- Se le llama Doctor Melifluo porque sus palabras eran “dulces como la miel” cuando hablaba de la Santísima Virgen y del amor de Dios. Sin embargo, su voz era espada afilada cuando debía combatir las herejías de su tiempo.
- Fue el alma de la Segunda Cruzada y el consejero de papas y monarcas. Nadie como él supo unir la mística más profunda con la acción más enérgica en el mundo.
- A él le debemos los párrafos finales de la Salve Regina y esa confianza inquebrantable en la mediación de nuestra Madre: “O clemens” (¡Oh clemente!), “O pia” (¡Oh piadosa!), “O dulcis Virgo Maria” (¡Oh dulce Virgen María!)
Debemos recordar siempre que los bautizados somos Soldados de Cristo antes que ciudadanos, y que Nuestra Lealtad es hacia Cristo Rey.
“En los peligros, en las angustias, en las incertidumbres, piensa en María, invoca a María. Que ella no se aparte nunca de tus labios, que no se aparte nunca de tu corazón. Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te guía, no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta.” San Bernardo de Claraval


