
Historia
San Raimundo de Peñafort nació hacia el año 1176 en Cataluña, en una familia noble y profundamente cristiana. Desde su infancia mostró una inclinación clara a la piedad y señales evidentes de una santidad futura. Dotado de gran inteligencia, destacó pronto en los estudios, no buscando la gloria humana, sino el servicio de Dios y de la Iglesia.
A los veinte años ya enseñaba filosofía y artes liberales en Barcelona, formando no solo la inteligencia de sus alumnos, sino sobre todo sus corazones. Más tarde se trasladó a la Universidad de Bolonia, donde estudió Derecho civil y canónico con tal excelencia que fue aclamado como doctor y ocupó la cátedra principal de cánones, ganándose una fama extraordinaria por su ciencia y virtud.
A pesar de su prestigio, Raimundo vivía con profundo desprendimiento. Repartía gran parte de sus ingresos entre los pobres y el clero, considerándolos sus verdaderos acreedores. El obispo de Barcelona lo llamó de regreso a su patria para servir a la Iglesia, y allí fue nombrado canónigo y arcediano, destacándose como modelo de sacerdote santo, regular y celoso del culto divino.
Deseoso de una vida más perfecta y temiendo los peligros de la vanagloria, pidió humildemente el hábito dominicano, que recibió en el año 1222. Ya anciano, se sometió como el menor de los novicios, edificando a todos con su humildad, obediencia y espíritu de penitencia, poniendo como fundamento de su santidad la total abnegación de sí mismo.
Sus superiores le encomendaron escribir una obra para guiar a los confesores: la Suma de casos de conciencia, considerada la primera gran obra sistemática de teología moral pastoral. Esta obra fue de enorme utilidad para la Iglesia, ayudando a los sacerdotes a confesar con justicia y misericordia, y consolidando a Raimundo como padre del derecho canónico práctico.
San Raimundo tuvo un papel decisivo en la fundación de la Orden de Nuestra Señora de la Merced, destinada a la redención de cautivos cristianos en poder de los musulmanes. Tras una aparición de la Virgen María compartida con San Pedro Nolasco y confirmada por el rey Jaime I, Raimundo alentó y organizó esta obra de misericordia heroica, tan necesaria en su tiempo.
Llamado a Roma, fue confesor y penitenciario del Papa Gregorio IX, a quien imponía como penitencia despachar con prontitud y misericordia las causas de los pobres. Rechazó dignidades episcopales por humildad, y aun siendo elegido Maestro General de los Dominicos, renunció más tarde para volver a la vida de oración, penitencia y consejo espiritual.
Uno de los milagros más célebres de su vida fue cuando, impedido por el rey de embarcarse, navegó milagrosamente sobre su capa desde Mallorca hasta Barcelona. Murió santamente en 1275, rodeado de sus hermanos religiosos. Fue canonizado en 1601, quedando como modelo luminoso de sacerdote sabio, obediente, humilde y totalmente entregado a la Iglesia.
Lecciones
1. La ciencia sin santidad no salva.
San Raimundo nos enseña que el verdadero saber cristiano debe formar primero el corazón y conducir a la humildad.
2. La obediencia vale más que el talento.
Aun siendo uno de los hombres más sabios de su tiempo, obedeció siempre a la Iglesia y a sus superiores.
3. La misericordia es parte de la justicia.
Su obra moral y su dirección de confesores muestran que la ley de Dios debe aplicarse con caridad y verdad.
4. Dios exalta a los humildes.
El que huyó de honores fue exaltado por Dios con milagros y autoridad espiritual duradera.
“San Raimundo de Peñafort nos enseña que el conocimiento sin humildad conduce al orgullo, pero unido a la fe salva las almas.”
