
Historia
Santa Paula nació en Roma el 5 de mayo del año 347, en el seno de una de las familias más ilustres del Imperio. Descendiente de antiguas casas patricias, recibió junto con la riqueza una sólida formación cristiana, intelectual y artística. Desde niña conoció la fe, aunque durante su juventud no estuvo libre del espíritu mundano que se infiltró en la sociedad romana tras el cese de las persecuciones.
A los dieciséis años contrajo matrimonio con el noble Julotoxoxio, con quien tuvo cinco hijos. Fue una esposa fiel y una madre ejemplar, destacándose entre las matronas romanas por la dignidad de su vida conyugal. Sin embargo, la abundancia y el lujo adormecieron por un tiempo su fervor espiritual, hasta que Dios, en su providencia, permitió una prueba decisiva.
Hacia el año 379, la muerte repentina de su esposo la dejó viuda en plena madurez. Este golpe fue para Paula una gracia de conversión profunda. Comprendió el valor del sacrificio y resolvió consagrar el resto de su vida a Dios en la viudez perfecta, abrazando una existencia de oración, penitencia y caridad, en medio de una Roma espiritualmente relajada.
Su palacio se transformó en un verdadero monasterio. Liberó a sus esclavos, distribuyó sus bienes y se unió a otras mujeres santas como Marcela y Lea, que vivían austeramente en la ciudad. En el año 380 hizo el propósito solemne de vida monástica, dedicándose a la oración constante, al ayuno y al servicio de los pobres, a quienes consideraba sus verdaderos herederos.
En el año 382, la llegada a Roma de San Epifanio, de Paulino de Antioquía y de San Jerónimo marcó un punto decisivo en su vida. Paula acogió a estos varones apostólicos y, bajo la dirección espiritual de San Jerónimo, se entregó con ardor al estudio de la Sagrada Escritura, llegando incluso a aprender hebreo para conocer los textos sagrados en su lengua original.
Deseosa de una vida aún más perfecta, y tras repartir definitivamente su fortuna, partió en el año 385 hacia Oriente acompañada de su hija Eustoquio y de varias vírgenes consagradas. La separación de sus hijos fue un sacrificio dolorosísimo, pero venció el amor a la carne con el amor a Dios. Visitó Jerusalén, Belén y los santos lugares, venerando con lágrimas el Calvario y el Sepulcro del Señor.
Después de visitar a los grandes padres del desierto en Egipto, regresó a Belén en el año 386, donde fundó dos monasterios —uno para vírgenes y otro para monjes— y una hospedería para peregrinos. Allí vivió en extrema pobreza, austeridad y humildad, sirviendo con sus propias manos, siendo madre tierna con las religiosas y firme defensora de la fe frente a los herejes.
Santa Paula fue el alma y sostén de la obra bíblica de San Jerónimo, contribuyendo decisivamente a la realización de la Vulgata. Tras una vida de penitencia, sufrimientos, contradicciones y pruebas, murió santamente el 26 de enero del año 404 en Belén, pronunciando palabras del Cantar de los Cantares. Fue sepultada cerca de la gruta del Nacimiento del Señor, venerada como madre de los pobres y gloria de la vida monástica femenina.
Lecciones
1. Dios llama a la santidad en cualquier estado de vida.
Santa Paula fue esposa, madre y viuda antes de ser monja; en cada estado buscó fielmente la voluntad de Dios.
2. El desapego del mundo es camino de libertad interior.
Abandonó honores, riquezas y afectos legítimos para ganar a Cristo plenamente.
3. La verdadera piedad ama la doctrina sana.
Su amor a la Escritura y su defensa de la fe muestran que no hay santidad sin verdad.
4. La penitencia fecunda edifica a la Iglesia.
Su vida escondida en Belén dio frutos inmensos para toda la cristiandad.
“Santa Paula nos enseña que la viudez ofrecida a Dios es camino de santidad perfecta..”
