
Historia
San Clemente María Hofbauer nació el 26 de diciembre de 1751 en Tasswitz, en la actual región de Moravia. En el bautismo recibió el nombre de Juan. Cuando tenía apenas seis años murió su padre, y su madre, mostrándole un crucifijo, le dijo con profunda fe: “En adelante este será tu único Padre”. El niño se arrodilló ante la imagen de Cristo y desde ese momento su corazón quedó profundamente unido al Señor.
Desde su infancia mostró un amor especial por Dios y por los pobres. Frecuentaba las iglesias siempre que podía y distribuía entre los niños necesitados el poco dinero o alimento que lograba conseguir. Su espíritu ya manifestaba una sabiduría sobrenatural: siendo aún muy pequeño, al oír que algunas personas decían que “mataban el tiempo”, respondió sorprendido que, si no tenían nada que hacer, al menos deberían emplear ese tiempo en rezar.
En su juventud sintió una fuerte vocación al sacerdocio, pero la pobreza de su familia se lo impedía. Por esta razón tuvo que aprender el oficio de panadero para ganarse la vida. Durante varios años trabajó con sacrificio, pero su corazón seguía anhelando consagrarse completamente a Dios.
Más tarde entró a servir en una abadía, donde su virtud llamó la atención del abad. Este comprendió sus aspiraciones y le permitió estudiar mientras continuaba con su trabajo. De este modo, en pocos años logró completar los estudios de latín. Tras la muerte de su protector decidió retirarse por un tiempo a la soledad, viviendo como eremita junto a un santuario dedicado a Cristo atado a la columna.
Sin embargo, la Providencia tenía otros planes. Las autoridades civiles prohibieron la vida eremítica, y Clemente se trasladó a Viena, donde volvió a trabajar como panadero. Más tarde peregrinó a Roma, y allí, por inspiración de Dios, descubrió su verdadera vocación al entrar en contacto con los religiosos redentoristas.
En la Congregación del Santísimo Redentor encontró finalmente el camino que Dios había preparado para él. Tomó el hábito en 1784 y al año siguiente hizo sus votos religiosos. Poco después recibió la ordenación sacerdotal, cumpliéndose así el gran deseo que había ardido en su corazón desde la juventud.
Sus superiores lo enviaron entonces a Varsovia para trabajar como misionero. La situación religiosa de aquel país era muy difícil: la fe católica se debilitaba y las costumbres estaban corrompidas. Pero el santo sacerdote no se desanimó. Con gran confianza repetía: “Dios lo quiere”, y se entregaba completamente al apostolado.
Muchas veces experimentó la ayuda visible de la Providencia. En cierta ocasión, cuando faltaba el pan para su comunidad, fue a la iglesia y oró largamente ante el sagrario. Con filial confianza pidió al Señor que los socorriera, y poco después llegó un desconocido que entregó la ayuda necesaria. Así vivió siempre este gran misionero, confiando totalmente en Dios y trabajando incansablemente por la salvación de las almas.
Lecciones
1. Dios puede llamar incluso en medio de la pobreza
Cuando la vocación viene de Dios, Él mismo abre el camino en su tiempo.
2. El tiempo es un don que debe usarse para Dios
Cada momento de la vida es una oportunidad para amar a Dios.
3. La confianza en la Providencia nunca decepciona
Quien confía en Dios jamás queda abandonado.
4. El verdadero apóstol no se desanima ante las dificultades
El celo por las almas exige perseverancia y valentía.
“San Clemente María Hofbauer nos enseña que quien confía totalmente en la Providencia transforma las mayores dificultades en instrumentos para la gloria de Dios.”
