Tratado de la Conformidad con la Voluntad de Dios: El Secreto de la Paz Interior
Padre Alonso Rodríguez

Descripción
Este tratado, extraído originalmente de la Segunda Parte de su monumental Ejercicio de Perfección, es un remedio soberano contra las tribulaciones, ansiedades y desesperanzas que el mundo moderno siembra en las almas. El Padre Alonso Rodríguez nos enseña con una pedagogía celestial que todo cuanto nos sucede (las alegrías y las penas, la salud y la enfermedad, los éxitos y las humillaciones) viene de la mano amorosa y providente de Dios para nuestra mayor santificación.
- El autor os guiará paso a paso para que vuestro corazón pueda repetir con verdad las palabras de Nuestro Señor en el Huerto de Getsemaní: “No se haga mi voluntad, sino la tuya”. Aprenderéis que en esta sumisión filial radica la mayor perfección cristiana.
- En un siglo lleno de almas atormentadas por el futuro, este libro os infundirá una paz inquebrantable. Al comprender que nada escapa a los designios divinos, el alma se abandona como un niño en brazos de su padre, alcanzando esa santa indiferencia ignaciana donde ya nada la turba.
- El Padre Rodríguez no teoriza sobre el dolor; os enseña a abrazar la Cruz. Con ejemplos bellísimos de los Santos Padres, transforma el sufrimiento en oro espiritual, mostrando cómo las contrariedades son las herramientas con las que Dios pule a sus elegidos.
- Fiel a su estilo, el libro huye de abstracciones difíciles. Os ofrece oraciones, jaculatorias y propósitos cotidianos para que podáis ejercitar la conformidad en medio de vuestros deberes de estado.
Es una lectura obligatoria para todo católico que desee dejar de quejarse de las pruebas de la vida y comenzar a santificarse a través de ellas.
Cuando el cristiano comprende y acepta que nada ocurre (ni una sola enfermedad, ni una sola injusticia, ni una sola cruz) sin el permiso de Dios para nuestro bien, el alma experimenta la paz evangélica.
Padre Alonso Rodríguez, S.J. (1526–1616): Nacido en la noble villa de Valladolid, este insigne sacerdote de la Compañía de Jesús original —aquella fundada por San Ignacio de Loyola para combatir las herejías y reformar la cristiandad— fue un verdadero gigante de la dirección espiritual y un maestro consumado de las almas. Ejerció durante más de treinta años el delicadísimo cargo de Maestro de Novicios en Monterrey, experiencia viva que le permitió plasmar en sus escritos una doctrina no teórica o abstracta, sino eminentemente práctica, segura y profundamente pastoral. Su pluma se caracteriza por una fidelidad absoluta a la Tradición, entrelazando con maestría las Sagradas Escrituras con los ejemplos e instrucciones de los Santos Padres de la Iglesia y los antiguos monjes del desierto.


