El Itinerario Espiritual: Para la santificación del clero y los fieles
Mons. Marcel Lefebvre

Descripción
Esta obra es escrita con la urgencia de dejar un faro seguro en medio de la tempestad que azota a la Santa Iglesia. El eje absoluto sobre el que gravita toda la obra es el misterio del Calvario renovado en el altar. El texto demuestra con un celo ardiente que la Misa tradicional es la fuente de toda santidad, de todas las virtudes y el único remedio eficaz contra la decadencia espiritual del mundo moderno, exhortando al alma a unirse íntimamente a la Víctima Divina.
Con una lucidez teológica impecable, el libro traza un camino de elevación espiritual firmemente arraigado en la doctrina del Doctor Angélico. El autor defiende que la verdadera mística no puede separarse de una dogmática segura, guiando al lector a contemplar con reverencia y temor santo los misterios de la Santísima Trinidad, la Divinidad de Nuestro Señor y la constitución divina de la Iglesia, manteniéndose enteramente inmune a las falsas novedades del modernismo.
Es una regla de vida para todo católico que aspire a la perfección. A través de sus páginas, se instruye sobre la necesidad del recogimiento, la mortificación de los sentidos, la humildad y la devoción tierna y filial a la Santísima Virgen María, Mediadora de todas las gracias, como armas indispensables para salvaguardar la fe y la vida de la gracia.
El itinerario se extiende como una regla de vida para todo católico que aspire a la perfección. A través de sus páginas, se instruye sobre la necesidad del recogimiento, la mortificación de los sentidos, la humildad y la devoción tierna y filial a la Santísima Virgen María, Mediadora de todas las gracias, como armas indispensables para salvaguardar la fe y la vida de la gracia.
Monseñor Marcel Lefebvre (1905-1991) fue un obispo misionero y el fundador de nuestra Hermandad Sacerdotal San Pío X, cuya vida fue un sacrificio constante por la preservación del Sacerdocio Católico y la Misa de siempre. Como un nuevo Atanasio, prefirió ser tildado de “rebelde” por los hombres antes que ser infiel a la Tradición recibida de los Apóstoles. Su labor de recopilación y defensa de estas Actas no nació de un espíritu de ruptura, sino de un amor profundo a la Roma Eterna y al Papado, entendiendo que la mayor caridad que se puede ejercer hacia el Papa y hacia los fieles es transmitirles, sin alteraciones, el depósito de la Fe tal como fue custodiado por sus antecesores.


