Los Santos Inocentes: Víctimas del Odio del Mundo y Gloria del Cielo

Historia

Los Santos Inocentes son aquellos niños de Belén y su comarca que, en los primeros días de la Encarnación del Verbo, fueron cruelmente degollados por orden del rey Herodes. Tres razones da la Iglesia para llamarlos inocentes: porque no conocieron la corrupción del mundo, porque su sangre fue derramada sin culpa alguna de su parte, y porque su martirio, sufrido por causa de Jesucristo, les confirió la inocencia bautismal, lavándolos de la mancha del pecado original.

La Sagrada Escritura, en el Evangelio según San Mateo, narra estos hechos como consecuencia directa del nacimiento del Salvador. Alarmado por el anuncio de los Magos acerca del Rey recién nacido, Herodes, dominado por la ambición y el miedo a perder su trono, decidió asegurar su poder mediante la violencia más despiadada, ordenando la muerte de todos los niños varones menores de dos años.

Así, en un rincón humilde de Judea, se consumó uno de los crímenes más atroces de la historia humana. El llanto de las madres, el terror de las criaturas y la brutalidad de los verdugos cumplieron la profecía de Jeremías: “Una voz se oyó en Ramá, llantos y grandes lamentos: es Raquel que llora a sus hijos”. Aquella jornada fue día de luto para la tierra, pero día de gloria para el cielo.

Aunque los historiadores profanos guardaron silencio sobre este suceso, la Iglesia jamás dudó de su veracidad. La conducta de Herodes, confirmada por otras crueldades narradas por Josefo, muestra que tal atrocidad no era ajena a su carácter. El Evangelio, inspirado por el Espíritu Santo, da testimonio suficiente de esta matanza.

Estos niños no confesaron a Cristo con palabras, pero lo confesaron con su sangre. Sin saberlo, murieron por Él, convirtiéndose en las primicias del martirio cristiano. Por eso la liturgia los proclama “flores de los mártires”, arrancadas apenas nacidas, pero ya coronadas en el cielo.

La Iglesia ve en su muerte una proclamación silenciosa de la realeza de Cristo. Herodes reconoció, aunque con odio, que había nacido un Rey. Su furia fue el pregón más elocuente de que el Mesías había llegado al mundo.

Desde los primeros siglos, los Santos Inocentes han recibido culto especial. Padres de la Iglesia como San Ireneo, San Cipriano y San Agustín hablaron de su gloria. Su fiesta se celebra desde el siglo II, y la Iglesia los contempla como hermanos de los ángeles, lavados en la sangre del Cordero.

Así, aquellos niños, que no pudieron pronunciar el Nombre de Jesús, lo glorificaron con su muerte. Su martirio manifiesta que Dios puede sacar gloria incluso del crimen más atroz, y que ninguna sangre inocente derramada por Cristo queda sin recompensa eterna.

Lecciones

1. Dios puede glorificarse incluso a través del sufrimiento de los más pequeños.
Los Santos Inocentes muestran que la gracia no depende de la edad ni de la fuerza humana, sino de la voluntad divina.

2. La realeza de Cristo provoca siempre oposición en el mundo.
Herodes es figura de todo poder que, por miedo a perder su dominio, persigue a Cristo y a los suyos.

3. El martirio no siempre es consciente, pero siempre es fecundo.
Estos niños no eligieron morir, pero Dios aceptó su sangre como testimonio supremo de amor a su Hijo.

4. La inocencia y la humildad son grandeza ante Dios.
La Iglesia recuerda, en esta fiesta, que la verdadera dignidad no está en el poder, sino en la pureza del alma.

“Los Santos Inocentes nos enseñan que ninguna vida entregada por Cristo queda sin corona ante Dios.”

Fuentes: FSSPX

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