
Historia
En el siglo VI, cuando Roma, Italia y gran parte de Europa parecían hundirse en la desolación por las invasiones bárbaras y la decadencia del mundo antiguo, la Providencia suscitó a un gran pastor para la Iglesia: San Gregorio Magno. Nació en Roma hacia el año 540, en una familia noble y profundamente cristiana. Su padre, Gordiano, era senador y hombre generoso con los pobres, y su madre, Santa Silvia, llevó una vida de oración y contemplación.
Desde joven Gregorio recibió una sólida formación en las ciencias humanas y divinas. Durante algún tiempo ejerció importantes cargos públicos y llegó a ser prefecto de la ciudad de Roma. Sin embargo, en su corazón ardía el deseo de abandonar las vanidades del mundo para dedicarse enteramente a Dios.
Cuando murió su padre, distribuyó gran parte de su riqueza entre los pobres y fundó varios monasterios. En uno de ellos, dedicado a San Andrés, tomó el hábito monástico y abrazó una vida de gran austeridad, oración y obediencia. Sus ayunos eran continuos y su humildad tan profunda que deseaba más obedecer que mandar.
Un día se presentó ante él un mercader arruinado que pedía limosna. Gregorio lo socorrió varias veces, y cuando ya no quedaba dinero en casa, le entregó su única posesión: una taza de plata con la que se alimentaba. Más tarde se comprendió que aquel pobre había sido un ángel enviado por Dios para probar su caridad.
Su santidad pronto fue conocida en toda la Iglesia. El papa Pelagio II lo nombró cardenal diácono y lo envió como legado a Constantinopla para tratar asuntos importantes con el emperador. Allí se distinguió por su prudencia, sabiduría y profunda vida espiritual.
Cuando el papa Pelagio II murió víctima de una terrible peste en el año 590, el clero, el senado y el pueblo de Roma eligieron unánimemente a Gregorio como su sucesor. Pero el santo, por humildad, intentó rechazar la dignidad e incluso huyó de la ciudad para evitar el pontificado. Sin embargo, Dios mismo manifestó su voluntad y Gregorio fue finalmente llevado a Roma y consagrado papa.
Durante su pontificado mostró una extraordinaria caridad pastoral. En medio de la peste organizó procesiones penitenciales y rogativas públicas. La tradición cuenta que, mientras el pueblo rezaba, un ángel apareció sobre el mausoleo de Adriano envainando su espada, señal de que la peste había terminado.
Como pontífice trabajó incansablemente por la Iglesia: envió misioneros para evangelizar Inglaterra, reformó la liturgia, organizó el canto sagrado que hoy llamamos canto gregoriano y escribió numerosas obras espirituales. Por su sabiduría y santidad la Iglesia lo honra como Papa y Doctor, y su memoria permanece como uno de los mayores pontífices de la historia.
Lecciones
1. La verdadera grandeza nace de la humildad.
Aunque fue uno de los hombres más influyentes de su tiempo, Gregorio intentó huir del honor del pontificado.
2. La caridad con los pobres agrada profundamente a Dios.
Su generosidad fue tan grande que dio hasta su última posesión.
3. La oración y la penitencia sostienen a la Iglesia en tiempos difíciles.
Cuando Roma sufría la peste, convocó al pueblo a la conversión y a la súplica a Dios.
4. La belleza de la liturgia conduce las almas al cielo.
Reformó el culto divino y perfeccionó el canto sagrado para elevar los corazones a Dios.
“San Gregorio Magno enseña que quien desea servir a Cristo debe abrir su corazón a los pobres, porque en cada necesitado se acerca el mismo Señor a pedir nuestra caridad.”
