
Historia
San José ocupa un lugar altísimo en el plan de la Redención como esposo de la Santísima Virgen y padre adoptivo de Nuestro Señor Jesucristo. Es el último patriarca de la Ley Antigua y el primero de la Ley Nueva, uniendo en su persona las promesas y su cumplimiento. Dios lo eligió desde la eternidad para ser custodio de los mayores tesoros: Jesús y María.
Descendiente de la casa de David, fue preparado por Dios con abundancia de gracias desde el comienzo de su vida. La Sagrada Escritura lo resume con una sola palabra: “justo”, lo que significa que poseía en grado eminente todas las virtudes. Aunque rico en santidad, vivía pobremente como artesano, trabajando con sus manos en humildad y silencio.
Sus desposorios con la Virgen María fueron obra directa de la Providencia. Esta unión santa, purísima y virginal, estaba destinada a proteger el misterio de la Encarnación y a ocultarlo a los enemigos de Dios. José, en su humildad, no sospechaba la grandeza de la misión que le había sido confiada.
Cuando descubrió el embarazo de María, sufrió la prueba más dolorosa de su vida. Sin comprender el misterio, pero sin dudar jamás de la santidad de su esposa, decidió retirarse en silencio. Entonces un ángel le reveló en sueños que el Niño era obra del Espíritu Santo. José obedeció inmediatamente, acogiendo a María con fe perfecta.
Después del nacimiento del Salvador, José ejerció con fidelidad su misión de custodio. Presentó al Niño en el templo, lo protegió del furor de Herodes huyendo a Egipto y, siempre dócil a la voz de Dios, regresó luego a Nazaret. Su vida estuvo marcada por la obediencia pronta y el sacrificio silencioso.
En Nazaret llevó una vida oculta junto a Jesús y María. Trabajaba como carpintero, enseñando al mismo Hijo de Dios el oficio humilde. Su casa era el santuario más santo de la tierra, y él, sin decir palabra en el Evangelio, enseñaba con sus obras la perfección de la vida interior.
San José brilló por su silencio, su contemplación y su total abandono en Dios. No buscó honores, pudiendo haberlos tenido por su linaje, sino que eligió la vida escondida. Su corazón estaba completamente unido a Dios, viviendo solo para cumplir su voluntad en todo momento.
Su muerte fue dulce y preciosa: expiró en brazos de Jesús y de María, después de haber cumplido perfectamente su misión. Por eso la Iglesia lo venera como patrono de la buena muerte y protector universal. Su gloria es inmensa, proporcionada a su fidelidad y a la grandeza de su vocación.
Lecciones
1. La santidad está en hacer perfectamente la voluntad de Dios
San José no hizo cosas extraordinarias a los ojos del mundo, pero fue perfecto en lo ordinario.
2. El silencio es camino de unión con Dios
No habló en el Evangelio, pero su vida entera fue una predicación.
3. La obediencia pronta agrada a Dios
Cada vez que Dios habló, José obedeció sin demora ni discusión.
4. La vida oculta tiene un valor inmenso
Nazaret enseña que la santidad no necesita aplausos, sino fidelidad.
“San José nos enseña que la verdadera santidad consiste en vivir en silencio, obediencia y total abandono en la voluntad de Dios.”
