Ante todo la salvación de las almas
San Antonio María Claret

Descripción
El libro es un compendio de las meditaciones y estímulos que movieron a San Antonio María Claret a entregarse por completo a las misiones y a la salvación de sus prójimos. Es un testimonio de fuego espiritual que busca encender en el lector el mismo deseo de ganar almas para Dios.
- El Santo fundamenta su celo en la Tradición, citando el ejemplo de los Profetas (como Isaías, Jeremías y Elías), de Jesucristo, los Apóstoles y los Santos Padres. Nos recuerda que la misión de predicar y denunciar el pecado a menudo conlleva el martirio o la persecución.
- El título mismo lo dice todo: el objetivo supremo es rescatar a las almas del infierno y llevarlas al cielo. Esta es la caridad más alta, una que no permite descanso y que se compadece tanto de los males espirituales como de los temporales.
- El autor enfatiza la importancia de predicar con un estilo sencillo y directo, imitando las parábolas y comparaciones de nuestro Señor, para que la verdad llegue al corazón de todos, desde los grandes sabios hasta la gente más sencilla del campo.
- A través de las vidas de santos como San Juan de Ávila o el Beato Diego de Cádiz, el libro enseña que el éxito de la predicación no depende de “galas” intelectuales, sino de la penitencia (cilicios, ayunos) y de una vida de oración profunda ante el Santísimo Sacramento.
- San Antonio María Claret describe el celo como un “fuego ardiente” que impide estar quieto. Enseña que el verdadero misionero debe estar dispuesto a sufrir calumnias, fatigas y persecuciones con dulzura, con tal de salvar una sola alma.
Este libro nos exhorta a no ser tibios. Nos recuerda que, como decía San Agustín, si otros pudieron trabajar tanto por la salvación de las almas, ¿por qué nosotros no habríamos de hacerlo?. Es un llamado a la acción misionera bajo el amparo de la caridad divina.
Quien no vive para Salvar Almas, no sirve para vivir.
San Antonio María Claret es el modelo acabado del celo apostólico y la intransigencia doctrinal contra los errores de la modernidad. Como gran defensor del Papado y de la Tradición en un siglo ya convulso por el liberalismo, personifica el ideal de la Misión Popular y la pureza del dogma: fue un martillo de la masonería y un heraldo del Inmaculado Corazón de María. Su vida, marcada por la caridad heroica y el amor a la Santa Misa, nos recuerda que no hay verdadera evangelización sin la denuncia del pecado y la proclamación de las Verdades Eternas; su manual, El Camino Recto, sigue siendo una brújula espiritual para el fiel que busca salvar su alma en medio de un mundo que ha perdido el sentido de lo sagrado.


