Exposición De La Fe
San Juan Damasceno

Descripción
La Exposición de la fe es una síntesis ambiciosa y perfecta de los misterios cristianos. San Juan Damasceno no busca la novedad —veneno de nuestra época—, sino la fidelidad absoluta a lo que se ha recibido. Como él mismo advierte al inicio, citando los Proverbios: “No traspasarás los linderos antiguos que pusieron tus padres”.
A través de sus 100 capítulos, el autor nos lleva de la mano por el edificio de la Revelación, utilizando la filosofía como una esclava de la teología para iluminar las verdades que el entendimiento humano, por sí solo, no podría alcanzar.
La lectura de este tesoro patrístico proporcionará al fiel una armadura intelectual y espiritual completa:
- Aprenderéis sobre la existencia, unidad y trinidad de Dios con una precisión asombrosa. Es el tratado sobre la Deidad que fundamenta todo lo demás.
- El Damasceno ofrece una antropología profunda. Enseña que para conocer a Cristo, primero debemos entender qué es el hombre, creado a imagen de Dios, y cómo la creación entera es un diseño redentor.
- Este es el corazón del libro. Se aprende que Cristo es Perfecto Dios y Perfecto Hombre. En una época que intenta humanizar a la Divinidad o divinizar al hombre por su cuenta, San Juan Damasceno reafirma las dos naturalezas en la única Persona Divina sin confusión ni división.
- El libro defiende con ardor el culto a las imágenes (frente a la herejía iconoclasta), la virginidad de María Santísima, el honor a los santos y la presencia real en la Eucaristía.
Porque es un mapa seguro. En medio de la tormenta del modernismo, San Juan Damasceno nos ofrece las definiciones exactas que no dejan lugar a la duda.
Leer este libro es beber de la fuente pura de los Padres, donde la fe no es una opinión, sino una Verdad revelada que se adora de rodillas.
San Juan Damasceno, llamado el “Orador de Oro” (Chrysorrhoas), fue el último de los Padres de la Iglesia Griega y es Doctor de la Iglesia. Criado en la corte del califato en Damasco, renunció a sus altos cargos y riquezas para abrazar la vida monástica en San Sabas, cerca de Jerusalén. Fue el gran defensor de las sagradas imágenes contra los emperadores herejes, sufriendo persecución y milagros por su defensa de la fe. Su pluma no fue suya, sino de la Iglesia; su genialidad consistió en organizar el pensamiento de todos los santos anteriores (como San Basilio o San Gregorio) en un cuerpo único y coherente. Es, para nosotros, el modelo del teólogo que no inventa, sino que custodia y explica el Depósito de la Fe.


