La Virginidad

San Gregorio Niseno

Descripción

Este tratado no es solo una defensa de la castidad, sino una invitación a la libertad total del alma. San Gregorio describe la virginidad como un “tierra de frontera” entre el mundo material y el celestial, donde el cristiano comienza a vivir aquí en la tierra la vida que los ángeles viven en el cielo.

  • Enseña que la virginidad es el camino para recuperar la semejanza con Dios que el hombre perdió por el pecado. Es un esfuerzo por volver al estado de pureza que tenían Adán y Eva antes de la caída.
  • Con una honestidad asombrosa, el santo describe las preocupaciones y “esclavitudes” de la vida mundana, no para despreciar el matrimonio, sino para resaltar que quien elige la virginidad tiene el corazón libre para amar a Dios sin divisiones.
  • Advierte que no basta con la integridad del cuerpo; la verdadera virginidad es la del alma, que se mantiene pura de pensamientos malvados, de soberbia y de orgullo.
  • Presenta la vida espiritual como un desposorio místico. El alma que se mantiene pura se convierte en un espejo limpio donde la luz de Dios puede reflejarse sin obstáculos.

El Santo nos enseña que:

  1. De nada sirve a un hombre o a una mujer abstenerse de los placeres de la carne si su mente está infectada por la soberbia, la envidia o la ira. San Gregorio advierte que la soberbia es, en cierto sentido, una “corrupción” del alma más grave que la física, porque es el pecado de los ángeles caídos.
  2. Como Dios es espíritu, nosotros nos hacemos semejantes a Él principalmente a través de nuestra parte espiritual. Una mente “virgen” es aquella que no se ha “mezclado” con el error, con la malicia o con el apego desordenado a las criaturas.
  3. El espejo del alma: El Santo utiliza a menudo la imagen del espejo. Para que Dios pueda reflejarse en nosotros, el espejo debe estar no solo entero (integridad física), sino sobre todo limpio (pureza mental). El orgullo es como una mancha de grasa que impide que la luz de la Verdad sea recibida.

Nos recuerda que la verdadera santidad consiste en esa transparencia interior donde el alma, libre de pensamientos malvados, se convierte en un sagrario digno para el Espíritu Santo.

San Gregorio de Nisa, o Niseno, es uno de los tres célebres “Padres Capadocios” que salvaron la ortodoxia católica frente a la herejía arriana. Hermano de San Basilio el Grande y de Santa Macrina, Gregorio poseía una de las mentes más brillantes y místicas de la antigüedad. Fue un defensor incansable del dogma de la Santísima Trinidad y de la divinidad del Espíritu Santo en el Concilio de Constantinopla. Conocido como el “Padre de los Místicos”, su teología no se queda en fríos conceptos, sino que busca siempre la unión amorosa del alma con Dios. San Gregorio es un faro de seguridad doctrinal: su voz es la voz de la Iglesia de los mártires y de los santos, recordándonos que nuestra verdadera patria está en los cielos.

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