Los grados de la humildad y de la soberbia

San Bernardo de Claraval

Descripción

Este tratado es una disección profunda y rigurosa del corazón humano. San Bernardo, partiendo de la Regla de San Benito, nos enseña que la vida espiritual es una escala: o subimos por la humildad hacia la Verdad y la Caridad, o bajamos por el orgullo hacia la ceguera y la perdición. No se puede construir el edificio de la santidad si antes no se ha puesto el cimiento de la humildad.

  1. El libro comienza con un gesto admirable. El Santo corrige un error de cita evangélica cometido en la primera redacción. Con esto, San Bernardo nos predica con el ejemplo: nadie está por encima de la Verdad, y reconocer el error es el primer paso del humilde.
  2. San Bernardo define tres grados de verdad. El primero es el conocimiento de nuestra propia miseria (humildad). El segundo es la compasión por la miseria ajena (caridad). El tercero es la contemplación de la Verdad pura (contemplación).
  3. El Santo describe cómo un hombre empieza a despeñarse. No se llega a la apostasía de golpe; se empieza por la curiosidad de los sentidos, se sigue por la levedad de espíritu, la jactancia, la singularidad y la soberbia, hasta llegar al desprecio total de Dios.
  4. San Bernardo advierte que él describe “la bajada” porque es lo que más conoce por su propia experiencia de pecador. Nos invita a leer los grados del orgullo para que, al reconocerlos en nosotros, podamos desandar el camino y empezar la subida.

En un mundo que exalta el “yo”, el orgullo y la autosuficiencia, San Bernardo nos recuerda que “el que se humilla será ensalzado”.

San Bernardo describe en este texto los 12 grados de la soberbia (orgullo) para que el lector identifique cómo se cae al abismo y pueda identificar el camino de retorno hacia la humildad:

Al leer los 12 Grados de la soberbia (orgullo), no busques los defectos en los demás, (búscalos en ti). Solo cuando un hombre se reconoce pequeño y necesitado, la Gracia de Dios puede obrar milagros.

“En los peligros, en las angustias, en las incertidumbres, piensa en María, invoca a María. Que ella no se aparte nunca de tus labios, que no se aparte nunca de tu corazón. Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te guía, no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta.” San Bernardo de Claraval

La Escalera a la Verdad

Los grados de la humildad y de la soberbia

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