Spiritus Paraclitus: La interpretación de la Sagrada Escritura
PAPA Benedicto XV

Descripción
En un mundo donde el modernismo intenta reducir La Sagrada Biblia a un libro de mitos, esta Encíclica nos enseña que, al ser Dios su Autor, no hay error posible en sus páginas. Es la roca firme sobre la que todo bautizado cimenta su fe frente a los ataques del modernismo.
Según el magisterio de Benedicto XV y el ejemplo de San Jerónimo, la lectura no puede ser caprichosa ni puramente intelectual; debe seguir estos pilares:
- Con Espíritu de Fe y Humildad: No se lee la Biblia para juzgarla, sino para ser juzgado por ella. Debemos acercarnos al texto sagrado con el respeto que se le debe a la voz de Dios, reconociendo nuestra pequeñez ante Sus misterios.
- Bajo la Guía de la Tradición: El Papa advierte contra la interpretación privada. El lector debe seguir el sentido que la Santa Madre Iglesia ha dado y da a las Escrituras. Como dice San Jerónimo, no debemos apartarnos de la doctrina recibida de los Padres.
- Unida a la Oración: La lectura debe ser una “lectio divina”. San Jerónimo recomendaba: “Que el sueño te halle con el libro en las manos y que la página sagrada reciba tu rostro al caer”. No es solo estudio, es diálogo con el Creador.
- Con Pureza de Vida: La Verdad no entra en un alma gobernada por el pecado mortal. Para entender la Palabra, el hombre debe buscar la santidad. La castidad y la templanza aclaran el entendimiento para percibir los sentidos espirituales del texto.
- Asiduidad y Perseverancia: No es una lectura de un día. El católico debe frecuentar las Escrituras diariamente para que el pensamiento de Cristo penetre en su carácter y transforme su voluntad.
El Fin de la Lectura de la Sagrada Biblia es Conocer a Jesucristo. La Encíclica dice: el que no conoce las Escrituras vive en la oscuridad .

La Biblia de Mons. Juan Straubinger. Es la mejor versión, Straubinger fue un profundo conocedor de los Padres de la Iglesia. Sus notas son verdaderas lecciones de teología y ascesis que iluminan el texto sagrado conforme al espíritu de San Jerónimo, protegiendo al lector de las desviaciones del modernismo (que tienen las otras Biblias que no es recomendable leerlas).


