
“Ciertamente, este Soldado es intrépido y está seguro por todas partes, cuyo espíritu se halla armado del Casquete de la Fe, igualmente que su cuerpo de la coraza de hierro…..no teme la muerte, pues que desea morir” San Bernardo de Claraval
Esta película narra la epopeya espiritual de San Bernardo, el gigante que sacudió los cimientos de Europa desde la humildad del claustro de Cîteaux (Císter). La obra recorre su vida desde su noble cuna en Fontaines, su entrada en el monasterio con treinta compañeros (incluidos sus propios hermanos), hasta convertirse en el árbitro de la Cristiandad, consejero de Papas y el gran predicador de las Cruzadas.
Frente a la relajación que amenazaba a las grandes abadías, San Bernardo encarnó la vuelta a la “Regla de San Benito” en toda su pureza y rigor. Como bien señala el Padre Meinvielle en su Concepción Católica de la Política, el orden social nace de la santidad interior. Bernardo demostró que el trabajo manual unido a la oración (Ora et Labora) es la base sobre la cual se construye una civilización que no se arrodilla ante el mundo, sino ante Dios.
El documental resalta el choque con Pedro Abelardo. Aquí vemos el germen del racionalismo que siglos después daría lugar al modernismo. Bernardo no desprecia la razón, pero la somete a la Fe. Contra la soberbia intelectual que pretende diseccionar los misterios de Dios, el santo propone la teología del corazón y la humildad. Para Bernardo, la verdad no se alcanza con silogismos vacíos, sino con la caridad vivida en la Verdad.
Bernardo es, por excelencia, el doctor mariano. La película destaca su ternura hacia la Madre de Dios, recordándonos que no hay verdadera vida espiritual sin una devoción filial a María. Sus comentarios al Cantar de los Cantares y su insistencia en invocar a la “Estrella del Mar” en medio de las tempestades de la vida, son el remedio perfecto contra la sequedad espiritual de nuestra época.
Es fundamental su papel en el nacimiento de la Orden del Temple. Bernardo redactó la regla para esta “Nueva Milicia”, enseñando que la espada puede y debe ser consagrada a la defensa de la Cristiandad. En un mundo que desprecia la milicia de Cristo, Bernardo nos recuerda que la Iglesia es Militante y que el sacrificio por los Santos Lugares es una senda de santificación.
“En los peligros, en las angustias, en las incertidumbres, piensa en María, invoca a María. Que ella no se aparte nunca de tus labios, que no se aparte nunca de tu corazón. Si la sigues, no puedes desviarte; si la invocas, no puedes desesperar; si piensas en ella, no puedes equivocarte. Si ella te guía, no te cansas; si ella te es propicia, llegarás a la meta.” San Bernardo de Claraval


