
Historia
San Pablo de Tebas nació hacia el año 229 en la ciudad de Tebas, en la baja Tebaida de Egipto. Huérfano desde los quince años y heredero de grandes riquezas, vivía retirado de los negocios del mundo, confiando la administración de sus bienes a su cuñado para dedicarse al cuidado de su alma. Dios lo preparaba silenciosamente para una vocación extraordinaria.
Durante la persecución del emperador Decio (249–251), que buscaba no tanto mártires como apóstatas, muchos cristianos huyeron para no renegar de la fe. Pablo, entonces de unos veinte años, se retiró primero a una casa de campo. Pero al descubrir la traición de su propio cuñado, movido por la envidia, comprendió que solo el desierto le ofrecería verdadera seguridad.
Inspirado por Dios, Pablo se internó profundamente en la soledad de la Tebaida y halló una cueva providencialmente preparada: una palma que le daba vestido y alimento, y una fuente de agua pura. Allí decidió encerrarse para no salir jamás, viviendo en total abandono en Dios, lejos de los hombres pero bajo la mirada constante del Señor.
Durante 92 años, San Pablo vivió como anacoreta, alimentándose de dátiles, bebiendo agua de la fuente y vistiendo hojas de palma. El mundo ignoraba su existencia, pero Cristo lo consolaba y fortalecía. Así, mientras el imperio perseguía a la Iglesia, Dios hacía florecer en el desierto la vida eremítica, germen del monacato cristiano.
En el año 342, cuando Pablo tenía ya 113 años, Dios reveló su existencia a San Antonio Abad, quien fue enviado a visitarlo. Tras duras jornadas y tentaciones del demonio, Antonio encontró finalmente la cueva. Ambos santos se reconocieron por obra divina y se abrazaron como hermanos que se conocen desde siempre.
Durante su encuentro, Dios obró un signo admirable: un cuervo, que durante sesenta años había traído medio pan diario a Pablo, llevó ahora un pan entero para ambos. Pasaron la noche en oración, y Pablo anunció a Antonio su cercana muerte, pidiéndole que regresara por el manto de San Atanasio para sepultarlo, como testimonio de su fidelidad a la fe católica contra el arrianismo.
Cuando Antonio regresó, vio el alma de Pablo subir al cielo rodeada de ángeles. Halló su cuerpo aún en actitud de oración. Al no tener herramientas para enterrarlo, dos leones aparecieron milagrosamente y cavaron la sepultura. Antonio envolvió el cuerpo con el manto y lo sepultó con salmos y lágrimas.
San Pablo murió el 10 de enero del año 342, y su fiesta se celebra el 15 de enero. La Iglesia lo honra como el primer ermitaño, modelo de desapego absoluto, vida contemplativa y confianza total en la Providencia. Su túnica de palma fue conservada como reliquia, y su vida, escrita por San Jerónimo, sigue predicando al mundo la vanidad de las riquezas y la grandeza de la pobreza por Cristo.
Lecciones
1. El mundo es más peligroso que el desierto
San Pablo huyó no de las fieras, sino del pecado y de la apostasía. Nos enseña que la verdadera seguridad está en la fidelidad a Dios, no en las comodidades humanas.
2. La Providencia nunca abandona al alma fiel
La palma, la fuente y el cuervo muestran que Dios cuida de quienes confían plenamente en Él.
3. La penitencia prepara para la gloria
Noventa y dos años de soledad forjaron un alma digna del cielo. No hay santidad sin sacrificio.
4. El silencio del desierto predica más que mil palabras
Sin escribir ni predicar, San Pablo convirtió al mundo entero con su ejemplo, mostrando que la vida escondida en Dios es fecunda para toda la Iglesia.
“San Pablo de Tebas nos enseña que quien lo deja todo por Cristo no pierde nada y Gana el Cielo.”
