La Imitación de María: El Espejo de todas las Virtudes
Padre Tomás de Kempis

Descripción
Este libro es un rescate providencial de los escritos marianos más bellos, profundos y encendidos de la Cristiandad, que injustamente habían quedado dispersos. Estructurado con la misma unción, sencillez y agudeza que los diálogos del alma con Cristo, este tratado nos invita a ponernos bajo la escuela de la Santísima Virgen para copiar sus afectos, sus silencios y sus virtudes soberanas.
- El Camino Real de la Humildad: Frente al orgullo y la soberbia que el demonio siembra en el mundo moderno, este libro os enseñará a amar el ocultamiento, la modestia y el sometimiento a la Voluntad Divina, contemplando el hondo misterio de la Encarnación y el Fiat de la Virgen.
- Consuelo al pie de la Cruz: En los capítulos dedicados a la Pasión, el alma aprende a sufrir con paciencia recia y corredentora, uniendo sus propios dolores a los dolores de la Madre de las Angustias en el Calvario. Es un bálsamo celestial para mantener la fidelidad en medio de las pruebas de la vida y la crisis de la fe.
- Oraciones y Alabanzas Transparentes: El volumen no solo instruye la mente, sino que enciende el corazón con preces, himnos y jaculatorias de una piedad tan pura y tradicional que elevan el espíritu instantáneamente hacia el regazo de la paz celestial.
- Unión Perfecta con el Corazón de Jesús: Cada página os recordará que venerar e imitar a la Madre no nos aparta del Hijo, sino que nos sumerge de manera más pura en Su Divino Corazón, pues nadie conoció, amó e imitó mejor a Jesucristo que Su Santísima Madre.
Tomás de Kempis (1380–1471) Nacido en las tierras de Alemania y ordenado sacerdote en el piadoso monasterio de la Orden de los Canónigos Regulares de San Agustín en el monte de Santa Inés, el venerable Tomás de Kempis fue la flor más perfecta de la llamada Devotio Moderna, aquel movimiento que buscaba retornar a la interioridad pura y al trato íntimo con Dios frente a las sutiles distracciones del intelectualismo abstracto. Varón de una humildad heroica, de oración continua y de un silencio profundamente elocuente, dedicó su larga y santa vida a la copia de los Sagrados Manuscritos y a la dirección de las almas atribuladas. Su pluma, ungida directamente por el Espíritu Santo y por un amor filial tiernísimo a la Virgen Reina del Mundo, posee la rara y celestial cualidad de hablarle al corazón del hombre con una claridad, un vigor y una unción tan universales que sus escritos litúrgicos y ascéticos siguen siendo, después de la Sagrada Escritura, el alimento más leído y recomendado en la Tradición para despreciar el mundo y alcanzar la santidad.


