Santa María Magdalena de Pazzis: La noble que eligió el camino del sufrimiento y en cuyo pecho San Agustín grabó (Y el Verbo se hizo carne)

Historia

En el siglo XVI, los Pazzis constituían una de las estirpes más preclaras y poderosas de Florencia, disputando palmo a palmo la primacía social con los mismos Médicis. En el palacio familiar, ubicado al sur de la catedral, nació el 2 de abril de 1556 una niña incomparable que en la pila bautismal recibió el nombre de Catalina. Desde su más tierna infancia, desdenando los juegos propios de su edad, la pequeña se complacía en la oración oculta, en la distribución de las limosnas familiares y en rigurosas penitencias . Su amor por Jesús Sacramentado era tan precoz y encendido que, por una rarísima excepción a la disciplina de la época, se le permitió hacer la Primera Comunión a los diez años, edad en la que también consagró su pureza al Señor mediante el voto de perpetua virginidad

Al cumplir los dieciséis años, sus padres, deslumbrados por las ventajas del siglo, intentaron asegurarle un brillante matrimonio conforme al rango de su alcurnia. Con una resolución indomable, la joven manifestó a su padre que prefería dejarse cortar la cabeza antes que faltar al voto sagrado que la unía con el Celestial Esposo Tras vencer la resistencia de su madre mediante la oración y un lánguido estado de salud que alarmó a los médicos, Catalina obtuvo el consentimiento familiar y eligió ingresar en el monasterio de Santa María de los Ángeles. Escogió esta estricta casa carmelitana motivada por la santa observancia de las religiosas y por el excelso privilegio de poder comulgar diariamente

El 30 de enero de 1583, tras haber examinado por última vez su vocación, la joven traspasó el umbral de la clausura para revestirse del santo hábito del Carmelo, adoptando el nombre de hermana María Magdalena Un año después, acometida por una enfermedad tan grave que amenazaba con llevarla al sepulcro de forma inminente, se le concedió el consuelo de emitir sus votos religiosos postrada en la capilla del monasterio, el 27 de mayo de 1584 Por intercesión de la beata María Bartolomé Bagnesi, la joven profesa recobró milagrosamente la salud, dando inicio a un periodo extraordinario de veinticinco años de vida mística en el que su existencia pareció transformarse en un éxtasis continuo

Durante este periodo ascético, el divino Maestro la introdujo de manera viva en los dolores de Su Pasión Sagrada, permitiendo que experimentara los estigmas invisibles y que reviviera corporalmente los padecimientos del Calvario En memorables arrobamientos que duraban horas, se la veía recorrer las dependencias del convento cargando una pesada cruz sobre sus espaldas, cayendo extenuada y pronunciando las siete palabras de Cristo en la Cruz Sin embargo, a estos favores celestiales sucedió la terrible “noche del espíritu”: durante cinco años completos, su alma se vio sumida en las tinieblas más espantosas, asaltada por pavorosas tentaciones contra la fe y la pureza que el demonio le sugería para moverla a la desesperación

La humilde carmelita triunfó victoriosa de todos los asaltos infernales respondiendo con absoluta sumisión: «Señor, vuestra gracia me basta» . Tras quedar aliviada de estas pruebas el día de Pentecostés de 1590, suplicó a Dios que no le permitiera gustar más consuelos sensibles, prefiriendo el dolor puro por la salvación de las almas. En sus últimos diecisiete años, desempeñó con ejemplar humildad los cargos de sacristana, profesora y maestra de novicias, destacando por una obediencia tan perfecta que solía repetir que un día pasado sin contrariar la propia voluntad era un día perdido. Su caridad hacia los pecadores la impulsaba a exclamar entre lágrimas: «¡Oh Amor, no sois amado ni conocido!»

El Señor respaldó la santidad de Su sierva concediéndole el don de milagros, la multiplicación de los víveres del convento, la lectura de los corazones y portentosas revelaciones sobrenaturales . En el año 1602 se manifestaron los primeros síntomas de la dolorosa enfermedad pulmonar que la clavaría definitivamente en el lecho del dolor durante sus últimos años Lejos de quejarse por las violentas hemorragias y las fiebres continuas, la santa hizo de su agonía un altar de sufrimiento, acuñando aquella máxima heroica que retrata su alma seráfica: «Sufrir y no morir», rechazando cualquier alivio terrenal que la apartara de la cruz de su Señor

Al aproximarse su tránsito final, habiendo solicitado el perdón de sus hermanas de religión, mandó que rezasen en su presencia el símbolo de Nicea, el de San Atanasio y el prefacio de la Santísima Trinidad . Tras recibir con angélica piedad los últimos Sacramentos de la Iglesia, Santa María Magdalena de Pazzis entregó pacíficamente su alma al Creador el 25 de mayo de 1607, a la edad de cuarenta y un años En el instante mismo de su muerte, su rostro demacrado por la enfermedad resplandeció con un brillo celestial, atrayendo a las multitudes de Florencia que acudieron en pía procesión a venerar sus sagrados restos

La Santa Madre Iglesia ratificó las virtudes heroicas de la virgen florentina mediante su beatificación en 1627 y su posterior canonización solemne en el año 1669 [ Dos años después de su óbito, al ser exhumado su cuerpo, este fue hallado completamente intacto y fluyendo de su rodilla un óleo milagroso y perfumado Que la contemplación de esta maravillosa azucena carmelitana encienda en nuestras almas el aborrecimiento del pecado, el amor a la mortificación cristiana y la valentía para abrazar las cruces cotidianas que la Divina Providencia dispone para nuestra santificación eterna

Lecciones

1. La Firmeza Inquebrantable en la Vocación: Santa María Magdalena de Pazzis nos enseña que el llamado divino debe defenderse con absoluta valentía frente a las pretensiones y conveniencias de los hombres, prefiriendo la pérdida de los honores del siglo antes que quebrantar los votos sagrados ofrecidos a Dios

2. El Valor Corredentor del Sufrimiento Voluntario: Su máxima heroica de «sufrir y no morir» nos instruye en que la enfermedad y las pruebas corporales no son desgracias, sino tesoros preciosos que, unidos a la Pasión de Cristo, sirven para expiar nuestras culpas y alcanzar la conversión de los pecadores

3. La Perseverancia en la Sequedad y la Tentación: Su victoria durante los cinco años de espantosas tinieblas espirituales demuestra que el alma fiel debe sostenerse únicamente por la fe desnuda y la gracia divina, continuando los ejercicios de piedad aun cuando falten por completo los consuelos sensibles

4. La Perfecta Sumisión por la Abnegación Propia: Su magisterio sobre la obediencia conventual enseña que la verdadera santidad no consiste en realizar obras extraordinarias a los ojos del mundo, sino en el anonadamiento constante del propio juicio y en la alegría de ir en todo contra la voluntad egoísta.

“Santa María Magdalena de Pazzis enseña que la santidad exige abrazar el misterio de la cruz y preferir una vida de constante sufrimiento.”

Fuentes: FSSPX; El Santo de cada día

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