Tercer Abecedario Espiritual: El arte del silencio divino

Padre Francisco de Osuna

Descripción

El eje central de esta obra es la doctrina del recogimiento interior, un ejercicio espiritual sutil y elevado que requiere el favor constante de la Santísima Trinidad. El texto advierte con prudencia que, aunque esta vía no es para todos, es sumamente loable para quienes buscan lo más escondido de la vida espiritual, previniendo a los fieles de no desviarse por sendillas deleitosas que puedan poner en peligro la salud del alma. Asimismo, defiende con firmeza que la santísima humanidad de Nuestro Señor Jesucristo no impide la alta contemplación, sino que es la vía, verdad y vida para ser arrebatados en amor hacia las cosas invisibles.

En su primer tratado, la obra expone la necesidad de una vigilancia perpetua bajo la máxima de que “Anden siempre juntamente la persona y el espíritu”. El autor enseña que el pensamiento (el espíritu) no debe andar dividido del cuerpo (la persona), reprobando severamente a quienes asisten a los oficios divinos y santos sacrificios con la mente puesta en vanidades mundanas. El corazón disoluto y distraído es comparado con un vaso quebrado que es incapaz de contener la sabiduría divina. Para remediar este desorden, se instruye sobre cómo la gracia despierta las cuatro virtudes cardinales para gobernar las cuatro pasiones principales: el gozo, la tristeza, la esperanza y el temor. Además, exige la sumisión pronta y absoluta de la sensualidad a los dictámenes de la recta conciencia.

El segundo tratado se consagra por entero a la virtud del hacimiento de gracias. El libro distingue entre el agradecimiento infuso, que coloca al alma en un estado superior de libertad y alabanza donde las mismas entrañas bendicen al Señor, y el agradecimiento adquirido por industria, que exige recordar diariamente los beneficios naturales y sobrenaturales de Dios mediante la obra, el corazón y la palabra, rescatando la piadosa costumbre eclesiástica de pronunciar el Deo gratias. Con un profundo sentido de la mortificación, se exhorta a los fieles a bendecir a Dios no solo en la prosperidad, sino especialmente en la noche de la adversidad, ayudando a llevar la Cruz como Simón Cirineo. Por último, el texto ofrece consuelo al revelar cómo la Providencia nos otorga mercedes secretas y ocultas, librándonos de los lazos escondidos del demonio aun sin nosotros saberlo.

Esta piadosa escala de perfección cristiana, la trilogía de los tratados de fray Francisco de Osuna para que el alma se eleve hacia Dios:

Primer Abecedario Espiritual: Está consagrado por entero a la meditación de la sagrada Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Enseña al cristiano a compadecer y contemplar los dolores de Cristo Crucificado, sirviendo como el cimiento indispensable de toda la vida mística, pues no se puede subir a la contemplación divina sin pasar antes por la Cruz.

Segundo Abecedario Espiritual: Se centra firmemente en la vía purificativa. Es un compendio doctrinal para el combate ascético contra los vicios, la mortificación de los sentidos, el desprecio de las vanidades del mundo y el ejercicio de las santas virtudes. Es la preparación necesaria para que el alma quede limpia y dispuesta para la gracia.

Tercer Abecedario Espiritual: Está consagrado por entero a la doctrina del santo recogimiento interior y la vía contemplativa. Enseña al alma a apartarse de las vanidades del mundo mediante la continua vigilancia del corazón y el sagrado deber del agradecimiento, elevando el espíritu hacia las cosas invisibles sin apartarse jamás de la santísima humanidad de Nuestro Señor Jesucristo, que es vía, verdad y vida.

Fray Francisco de Osuna (1492-1541) fue un eximio maestro de la teología mística española y un alma profundamente imbuida del espíritu de las Sagradas Escrituras y de la patrística tradicional, citando con autoridad a doctores de la talla de san Agustín, san Bernardo, san Jerónimo y san Juan Crisóstomo. Con un estilo riguroso, pastoral y salpicado de sabias alegorías bíblicas, Osuna se revela como un director espiritual de notable penetración teológica, cuyo fin no es destruir la naturaleza humana, sino sanarla y perfeccionarla a través de la gracia. Su pluma refleja la madurez de quien conoce por experiencia propia los combates interiores, ofreciendo un itinerario seguro, ordenado y ajeno a las falsas novedades, ideado para conducir a las almas hacia la amistad estrecha y el temor santo de Nuestro Señor.

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