Contra los Herejes: LA DEMOLICIÓN DE LA FALSA GNOSIS

San Irineo de Leon

Descripción

La impía doctrina del gnosticismo, tal como nos la transmite la tradición de la Iglesia, pretendía apartar a las almas sencillas de la obediencia al único Dios Verdadero, Creador del cielo y de la tierra, presentándolo falsamente como una entidad malévola e ignorante llamada Demiurgo. Con una soberbia satánica, estos herejes inventaron una mitología de treinta eones invisibles y un Pléroma artificial.

En su delirio exegético, forzaban los textos sagrados de los Evangelios y de las epístolas paulinas para hacerlos cuadrar con sus fábulas, alterando de forma vileza el mosaico de la verdad para dibujar en su lugar la grotesca figura de una zorra.

El colmo de la perversidad de estas sectas se manifestaba en pseudo-maestros y magos como Marco, precursor del Anticristo, quien mediante engaños de prestidigitación simulaba una falsa transustanciación eucarística, tiñendo el vino de púrpura para alucinar a las masas. Bajo el pretexto de una supuesta naturaleza espiritual superior e incorruptible, estos “perfectos” se entregaban sin freno a los placeres de la carne y a acciones vergonzosas, jactándose de que, al igual que el oro no pierde su valor en el lodo, ellos no se contaminaban con el pecado.

Trataban con desprecio y burla a los fieles católicos de la Iglesia universal, tildándolos de meros “psíquicos” o ignorantes por el solo hecho de temer a Dios y observar la continencia.

Frente a este caos de opiniones e inestabilidad doctrinal, donde los herejes cambiaban de parecer según sus caprichos, la Esposa de Cristo resplandece con una sola voz. La teología católica nos recuerda con firmeza que la fe verdadera es aquella que enseña la Sucesión Apostólica, custodiada de forma unánime por toda la tierra como si habitara en una sola familia. En este combate, se erige con fuerza el recordatorio de que la Iglesia de Roma ha sido, desde el principio, el punto de referencia e intangible depósito para todas las demás comunidades cristianas, a la cual nadie puede añadir ni sustraer nada de la doctrina recibida del mismo Jesucristo.

San Ireneo de Lyon (c. 135-202) fue un insigne Obispo de las Galias y eminente teólogo de la Iglesia primitiva, cuya juventud transcurrió en Asia Menor bajo el discipulado de San Policarpo, quien a su vez fue instruido por el mismísimo Apóstol San Juan. Elegido para guiar a una comunidad destrozada tras el martirio de su antecesor Fotino, Ireneo se vio acuciado por el grave peligro de las sectas gnósticas y redactó su monumental tratado de cinco libros conocido como Contra los herejes, fundamentando toda la doctrina en la Palabra de Dios y en la Tradición en lugar de la especulación intelectual. Considerado por la posteridad como el fundador de la teología cristiana, este Santo Padre entregó finalmente su vida por la fe catolicidad, consumando su carrera terrenal en la masacre durante la persecución del emperador Septimio Severo.

Scroll al inicio