
Historia
Santo Tomás fue llamado por Nuestro Señor Jesucristo a formar parte del colegio apostólico, siendo elegido entre aquellos hombres sencillos a quienes el Señor confió los misterios del Reino. Cercano al Maestro, oyó sus enseñanzas, contempló sus milagros y penetró más íntimamente que muchos en el Corazón amantísimo de Cristo.
De carácter recto y amante sincero de la verdad, Tomás no se contentaba con afirmaciones superficiales. Su alma buscaba fundamentos sólidos, pues deseaba creer con plenitud y no con ligereza. Esta inclinación, lejos de ser defecto, fue purificada por la gracia para bien de toda la Iglesia.
Cuando Jesús anunció su Pasión y el peligro que aguardaba en Judea, Tomás manifestó una generosidad heroica al exclamar: «Vayamos también nosotros y muramos con Él». En este gesto se revela un amor profundo, dispuesto a compartir incluso la muerte con su Señor.
Durante la Última Cena, al escuchar las palabras sublimes de Cristo sobre el camino hacia el Padre, Tomás confesó humildemente su ignorancia. Esta confesión dio ocasión a una de las revelaciones más altas del Evangelio, cuando Jesús proclamó: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida».
Tras la Resurrección del Señor, Tomás atravesó la noche de la duda. No se encontraba presente cuando Cristo se apareció por primera vez a los apóstoles, y exigió pruebas sensibles para creer. Sin embargo, esta debilidad fue permitida por la Providencia para consolidar la fe de generaciones futuras.
Ocho días después, Jesús se manifestó nuevamente y llamó a Tomás a tocar sus llagas. Ante la presencia viva del Resucitado, el apóstol realizó la más alta profesión de fe del Evangelio: «¡Señor mío y Dios mío!». Sus ojos veían al Hombre; su fe adoraba a Dios.
Fortalecido por el Espíritu Santo en Pentecostés, Tomás se entregó con celo ardiente a la predicación del Evangelio. Sufrió persecuciones, cárceles y azotes, y llevó la fe a tierras lejanas, anunciando a Cristo con valentía apostólica y confirmando su palabra con milagros.
Finalmente, selló su testimonio con el martirio, entregando su vida por Aquel a quien había confesado como Dios verdadero. Así, quien dudó por amor a la verdad, murió firme en la fe, dejando a la Iglesia un testimonio luminoso de conversión interior y fidelidad total.
Lecciones
1. La fe verdadera no huye de las preguntas, sino que las eleva hacia Dios.
Santo Tomás enseña que la duda honesta, iluminada por la gracia, puede convertirse en camino hacia una fe más profunda y sólida.
2. La humildad abre la puerta a las mayores revelaciones.
Al confesar su ignorancia, Tomás fue instrumento para que Cristo revelara su identidad como Camino, Verdad y Vida.
3. Cristo se deja encontrar por el alma sincera.
El Señor no rechazó la fragilidad de Tomás, sino que descendió hasta ella para levantarlo a la fe perfecta.
4. La fe probada engendra el martirio y la misión.
Quien ha confesado verdaderamente a Cristo como Dios, no puede sino anunciarlo hasta el derramamiento de la sangre.
“San Tomás nos enseña que la fe auténtica nace de un corazón sincero que al encontrarse con Cristo vivo se rinde totalmente a la Verdad.”
