Ejercicios Espirituales: Para alcanzar la salvación de tu Alma

San Ignacio de Loyola

Descripción

El libro contiene los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola , editados fielmente bajo el espíritu y las normas de piedad del R.P. Francisco de Paula Vallet. No nos encontramos ante una simple escuela de espiritualidad o un tratado teológico más, sino ante un código sapientísimo, universal e irresistible, dictado por el Cielo y entregado por manos de la misma Madre de Dios al santo de Manresa. Su fin no es otro que enseñar al alma a combatirse a sí misma, a desterrar de su interior todos los afectos desordenados y, una vez purificada, a buscar y hallar con absoluta claridad la santísima voluntad de Dios para ordenar la vida entera hacia la salvación eterna.

Para que la gracia divina penetre hasta el fondo del corazón y renueve al hombre por completo, esta obra prescribe una disciplina austera y un orden riguroso, donde el silencio más estricto y el recogimiento interior son los cimientos indispensables. A través de anotaciones y advertencias precisas, el texto guía tanto al director del retiro como al ejercitante, prohibiendo las distracciones del mundo y exigiendo una hora entera de meditación asidua en cada ejercicio. Enseña la santa necesidad de “hacer el agere contra” —es decir, obrar con todas las fuerzas en dirección opuesta a nuestras inclinaciones caídas—, y detalla la práctica de los exámenes particulares y generales de conciencia, la confesión general y las santas penitencias externas para someter la sensualidad a la recta razón.

La doctrina de la primera semana sumerge al alma en el Principio y Fundamento: la tremenda realidad de que el hombre ha sido creado únicamente para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor, y mediante esto, salvar su alma. Con mano firme y evangélica, el libro enseña a aplicar la memoria, el entendimiento y la voluntad para contemplar la fealdad del pecado y la caída de los ángeles, de Adán y de los condenados, llevando al ejercitante a los abismos del Infierno a través de los sentidos de la imaginación. Las meditaciones del Padre Vallet sobre las penas morales, el pavoroso remordimiento del “gusano que no muere”, la eternidad del castigo, la certeza de la muerte y el rigor del Juicio Particular y General, quiebran la soberbia humana y despiertan un santo temor de Dios, indispensable para huir de las ocasiones de pecado.

Una vez purificado el espíritu, el libro eleva las miras del ejercitante hacia la Segunda Semana, presentándole la meditación de las Dos Banderas —la de Lucifer en Babilonia y la de Cristo en Jerusalén— para aprender a detectar los engaños del enemigo, que tienta bajo apariencia de bien a través de las riquezas y los honores. El texto enseña los tres grados de la santa humildad y la lógica de los Tres Binarios de hombres, espoleando al alma a abrazar el tercer grado, el más perfecto: desear, por puro amor e imitación a Cristo pobre y humillado, la pobreza y los oprobios de este mundo. Finalmente, establece las reglas de oro para realizar una elección de estado de vida sana y libre de afectos carnales, o bien, para emprender una verdadera reforma de vida en el deber de estado, de modo que el amor de Dios sea el único motor de todas nuestras acciones.

En un mundo lleno de ruido y confusión, los Ejercicios Espirituales siguen siendo una llamada al silencio, al examen del corazón y al encuentro personal con Cristo. Son una escuela de santidad donde el alma aprende a escuchar la voz de Dios que dice: “Dame, hijo mío, tu corazón, y tus ojos tengan placer en mis caminos;” (Proverbios 23,26).

San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús y proclamado por la Sede Apostólica como el especial y principal Maestro de los Ejercicios Espirituales, fue el instrumento escogido por la Providencia en el siglo XVI para frenar el avance de las herejías y renovar la milicia de la Iglesia Católica. Tras su conversión milagrosa y su retiro penitencial en la cueva de Manresa, este santo soldado de Cristo experimentó en carne propia las consolaciones, desolaciones y el discernimiento de espíritus que plasmó en este volumen imperecedero. Su admirable método ha sido solemnemente aprobado, alabado y recomendado por los Romanos Pontífices a lo largo de cuatro siglos (desde el Breve Pastoralis Officii de Paulo III en 1548 hasta Pío XI y Pío XII), confirmándolo como el arma más eficaz para la regeneración espiritual del mundo, la reforma de las costumbres y la santificación de las almas que combaten bajo el estandarte de la Cruz.

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