San Apolinar de Ravena: Sangre y Triunfo de un Apóstol

Historia

Enviado directamente por el Príncipe de los Apóstoles, San Pedro, el ilustre obispo Apolinar partió desde Antioquía hacia Roma y se dirigió a Rávena alrededor del año 50 con la firme misión de plantar la semilla del Evangelio en tierras paganas. A su llegada, fue recibido caritativamente por un soldado llamado Ireneo, a quien el santo abrió las puertas de la verdadera doctrina católica y de la conversión espiritual.

Para demostrar la veracidad de su predicación divina, Apolinar obró un portentoso milagro al devolverle la vista al hijo ciego de Ireneo mediante la santa señal de la cruz. Este acontecimiento extraordinario conmovió profundamente a los espectadores, propiciando la conversión de Ireneo, de su familia y, posteriormente, de un tribuno militar cuya esposa padecía una dolencia incurable que el santo también sanó milagrosamente.

La casa de Ireneo se transformó rápidamente en el centro neurálgico del apostolado católico en Rávena, albergando reuniones clandestinas y formando a una fervorosa comunidad atendida por sacerdotes y diáconos instituidos por el propio obispo. Sin embargo, la rápida expansión de la fe y la consecuente merma en el culto a los ídolos provocaron la furia de los sacerdotes paganos, quienes delataron y apresaron al santo para conducirlo ante el gobernador Saturnino.

Con admirable intrepidez ante el tribunal del Capitolio, Apolinar proclamó sin ambages que Jesucristo es el único Dios verdadero y creador de todo lo existente. Al ser llevado al templo de Júpiter, el santo reprendió severamente la pompa idolátrica, afirmando con celo apostólico que aquellas riquezas debían entregarse a los pobres en lugar de honrar a los demonios, lo que desató la ira del populacho que lo apaleó brutalmente hasta dejarlo medio muerto.

Tras recuperarse de sus graves heridas gracias a los solícitos cuidados de una piadosa viuda, el intrépido obispo continuó su labor evangélica, culminando con la milagrosa resurrección de la hija del exconsul Rufo. Este prodigio celestial quebrantó la resistencia de los paganos locales y motivó que el propio Rufo, junto a numerosos ciudadanos más, abjurara del paganismo para recibir el bautismo de manos del santo pastor.

La implacable oposición del paganismo llevó a una nueva y más severa persecución bajo las órdenes del emperador Vespasiano y su vicario Mezalino. Sometido a crueles interrogatorios, a una despiadada flagelación, al tormento del potro y a la inmersión en aceite hirviendo, el mártir mantuvo una constancia inquebrantable en la confesión de la fe católica antes de ser condenado al destierro.

Durante sus azarosos trayectos apostólicos, que incluyeron un naufragio providencial en el Adriático y correrías evangelizadoras por Tracia y el Danubio, Apolinar silenció demonios, curó leprosos y bautizó a multitudes de almas, sufriendo una y otra vez expulsiones violentas, azotes y prisiones por causa del nombre de Cristo.

De regreso clandestino en Rávena tras años de fatigas, fue apresado por última vez por orden del emperador y de las autoridades imperiales, sufriendo un salvaje apaleamiento a manos de espías paganos que le causaron heridas mortales. Entregó su alma al Creador el 27 de julio del año 78, sellando con su sangre un testimonio heroico cuyas reliquias reposan hoy en la antigua basílica de Clase.

Lecciones

1. La Confesión Inquebrantable de la Divinidad de Cristo: Proclama con valentía y sin componendas que Jesucristo es el único Dios verdadero frente a los errores del paganismo.

2. El Rechazo Absoluto de las Vanidades Mundanas e Idólatras: El celo santo del obispo ravenense demuestra que los falsos cultos y las riquezas dedicadas a la superstición carecen de valor ante Dios.

3. La Fortaleza Heroica ante el Sufrimiento y el Tormento: Las flagelaciones, el potro, el aceite hirviendo y el destierro sufridos por el santo ilustran que la fidelidad a Cristo exige estar dispuesto a soportar cualquier suplicio físico.

4. La Perseverancia Incansable en la Viña del Señor: A pesar de los naufragios, las persecuciones y los intentos constantes de asesinato, el pastor no cesó en su empeño de evangelizar pueblos enteros.

“San Apolinar de Ravena enseña que la fidelidad a la fe católica y el testimonio del sacrificio son el camino seguro para alcanzar el cielo.”

Fuentes: FSSPX; El Santo de cada día; Misal Diario Católico Apostólico Romano (1962)

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