
Historia
Santa Marta, virgen insigne de los tiempos apostólicos, nació en el seno de una familia noble de Betania, siendo hermana amantísima de Lázaro y de María Magdalena. Su hogar se convirtió en un refugio privilegiado donde Nuestro Señor Jesucristo hallaba el consuelo de corazones puros y desinteresados para descansar de las fatigas de Su divina predicación.
Mientras su hermana María se postraba a los pies del Maestro para escuchar Sus palabras eternas, Marta se entregaba con diligencia a las labores domésticas de la hospitalidad. Al reprender con dulzura su inquietud excesiva, el Salvador le enseñó que, aunque el trabajo es loable, la vida espiritual y la atención a lo principal ocupan el lugar supremo.
La fe de esta admirable mujer brilló con heroica firmeza durante la trágica enfermedad y muerte de su hermano Lázaro, saliendo al encuentro de Jesús para confesar sin vacilar que Él era el Cristo, el Hijo de Dios vivo. Recompensando tan acendrada confianza, el Redentor obró el portentoso milagro de arrancar de las garras de la sepultura a quien llevaba ya cuatro días difunto.
Tras la gloriosa Ascensión del Señor y desatada la sañuda persecución de los judíos, Marta, junto a sus hermanos y otros fieles, fue embarcada en una nave sin remos ni timón que, guiada por los ángeles, abordó milagrosamente las costas de la Provenza francesa. En aquellas tierras galas, la santa virgen consagró sus desvelos a la predicación del Evangelio y al socorro de los más necesitados.
La comarca de Tarascon se hallaba aterrada por la presencia de una bestia monstruosa que sembraba la ruina a su alrededor. Con una intrepidez admirable y armada únicamente con el sagrado signo de la cruz, Marta se acercó al indomable animal, lo ató con su ceñidor y lo condujo mansamente ante la muchedumbre asombrada.
Este prodigio extraordinario abrió los corazones de los paganos locales, quienes abjuraron de sus ídolos y abrazaron la fe verdadera gracias a la firmeza apostólica de la virgen cristiana. Establecida definitivamente en Tarascon, fundó una comunidad de almas consagradas y continuó su existencia entre la oración continua y el servicio abnegado al prójimo.
Al aproximarse la hora de su dichoso tránsito a los sesenta y cinco años de edad, pidió ser colocada sobre un lecho de paja cubierto con un cilicio, dirigiendo sus ojos llenos de amor hacia el crucifijo hasta expirar en olor de santidad. Sus funerales fueron coronados por portentos celestiales, destacando la milagrosa transposición del obispo Fronto de Périgueux para asistir a su sepultura junto al mismo Jesucristo.
La Iglesia ha honrado perennemente sus sagradas reliquias custodiadas en la cripta de su basílica en Tarascon, recordando con veneración imperecedera a la fiel hospedera del Salvador que supo unir la solicitud en el deber con el triunfo sobre el infierno.

En Tarascón, la fe de Marta se convirtió en signo visible del poder de Cristo. Se enfrentó a un monstruo llamado “la Tarasca”, que aterrorizaba la región. Armándose solo con la señal de la cruz y su fe, logró dominarlo y conducirlo ante el pueblo, que al ver el prodigio abrazó la fe cristiana. Desde entonces, se le venera como patrona de Tarascón, donde fundó una comunidad de vírgenes consagradas.
Lecciones
1. La Primacía de la Vida Interior: El suave aviso del Divino Maestro a Marta enseña que, aun siendo necesarias las ocupaciones cotidianas, el cuidado del alma y la escucha de la palabra de Dios deben preceder a toda agitación terrenal.
2. La Confianza Inquebrantable en el Dolor: Ante la muerte de un ser querido, la respuesta firme de la santa demuestra que el cristiano jamás debe dudar del poder y la misericordia del Señor en las horas de prueba.
3. El Valor Sobrenatural ante el Mal: La victoria pacífica de la virgen sobre el monstruo mediante la señal de la cruz ilustra que la verdadera fe disipa los mayores terrores del mundo sin recurrir a las armas humanas.
4. La Recompensa de la Hospitalidad Generosa: Haber albergado en su casa al Hijo de Dios corona la memoria de la santa con una gloria perdurable tanto en la tierra como en el cielo.
“Santa Marta enseña que la diligencia en el cumplimiento del deber, unida a una fe firme en las horas de prueba, alcanza la gracia de vencer los mayores obstáculos del mundo. “


