Diálogo sobre el sacerdocio
San Juan Crisóstomo

Descripción
Este texto es una obra de reforma nacida en el siglo IV en la turbulenta Antioquía, un período ensombrecido por dolorosos cismas e intrigas políticas donde la imagen del clero se había degradado por la mundanidad. Junto con las obras de San Gregorio Nacianceno y San Gregorio Magno, este escrito conforma la célebre “trilogía pastoral” de la antigüedad cristiana, destacando como la primera obra de la literatura de los Padres que dedica formalmente su título al ministerio sacerdotal.
A través de un bellísimo diálogo de corte clásico entre los personajes de Juan y su entrañable amigo Basilio, la obra aborda un episodio de “santo engaño”. Juan, abrumado por el temor reverencial y sintiéndose indigno de tan tremenda carga, huye para que su virtuoso amigo sea ordenado, desgranando a partir de allí una apología sobre la piedad y las exigencias del altar. El texto nos recuerda de forma contundente que el sacerdocio se ejerce en la tierra, pero pertenece por derecho al rango de las realidades celestiales, pues al hombre se le confiere un poder sacramental superior al de los mismos ángeles: el de mediar con el Espíritu Santo y obrar el Santo Sacrificio Eucarístico.
- El Sacerdocio como Testimonio de Amor: El pastoreo del rebaño es la manifestación suprema del amor a Cristo; el sacerdote no se pertenece a sí mismo, sino a las almas que le han sido confiadas.
- La Gravedad del Ministerio: La negligencia del pastor no es un simple error humano, sino una ofensa que acarrea la pérdida de su propia alma y la profanación del don divino.
- Combate contra las Miserias Clericales: San Juan Crisóstomo condena con santo furor la vanagloria, el arribismo eclesiástico, la ira desordenada y la funesta actitud de aquellos predicadores que buscan halagar el oído del pueblo con elocuencia vana, en lugar de buscar la conversión y el agrado de Dios.
- Exigencia de una Virtud Angélica: Se exhorta a los ministros a poseer una inteligencia pastoral fina y a conservar, en medio del oleaje y las tentaciones del siglo, una pureza y santidad idénticas o superiores a las de los monjes más retirados.
San Juan Crisóstomo (c. 349-407), justamente llamado “Boca de Oro” por la insuperable elocuencia y ortodoxia de su predicación, fue un coloso de la Iglesia universal, forjado primero en la rigurosa retórica clásica y santificado posteriormente en los rigores de la ascesis monástica antes de ser ordenado diácono y presbítero en Antioquía, y finalmente elevado a la sede arzobispal de Constantinopla. Su vida fue un calvario de fidelidad inquebrantable a los derechos de Dios y de la Iglesia, pagando con el destierro y el martirio incruento su valerosa negativa a doblegarse ante las corrupciones del poder imperial y las intrigas de los falsos pastores. Doctor de la Iglesia y exégeta insigne, su figura se erige hoy en día como un reproche viviente contra el modernismo y la tibieza pastoral, recordándonos que el verdadero sacerdote debe estar dispuesto a ser anatema por la salvación de la grey de Jesucristo.


