San Agustín de Hipona

“¡Tarde te amé, Hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé!” San Agustín de Hipona

Esta obra recorre el arduo camino de Agustín de Tagaste, desde la entrega total de su voluntad a las pasiones mundanas y el error del maniqueísmo en su juventud, hasta su mística inmolación en el deber y el servicio como obispo de Hipona. Es una representación del poder de la Gracia que, actuando en la fragilidad de un hombre brillante pero descarriado, logra doblegar el orgullo de la retórica pagana y transformar las llagas del pecado en las verdades eternas de la santidad.

  • La película alcanza su cumbre espiritual cuando Mónica, en un acto de amor materno sobrenatural, prefiere ofrecer sus lágrimas, ayunos y oraciones constantes antes que ver a su hijo condenar su alma al fuego del infierno por persistir en el error de la herejía y la impureza. Nos enseña que la caridad verdadera de una madre no busca el éxito o el bienestar temporal de su hijo en los tribunales del Imperio, sino la salvación eterna y el bautismo de quien ama.
  • Agustín no es un intelectual pasivo, sino un guerrero del espíritu en busca incansable de la Verdad. Su enseñanza es que la Gracia Divina (esa virtud y don que, como explica la teología tradicional frente a la soberbia pelagiana, nos rescata de la miseria) tiene el poder de convertir los corazones más endurecidos y las mentes más orgullosas, sostenida por la paciencia de su madre y la firmeza doctrinal de San Ambrosio de Milán.
  • El asedio de los vándalos a su querida Hipona en los momentos finales de la vida del Santo nos recuerda que no hay santidad sin unión con la Pasión de Cristo y el sufrimiento de la Iglesia militante. La enseñanza es que las pruebas de la historia y la caída de las estructuras terrenales no son un absurdo, sino una moneda de oro con la que se compran las almas de los pecadores, se forja la Ciudad de Dios y se abre la puerta de la gloria celestial.
  • La enseñanza de fondo es que cuando el mundo pagano cierra todas las puertas y la carne levanta muros infranqueables para la razón, la oración y la Palabra divina (“Tolle, lege”) son la llave que mueve los cielos y permite a Dios realizar en el alma lo que para el hombre es “imposible”.

“Nos hiciste, Señor, para ti, y nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en ti.” San Agustín de Hipona

San Agustin (hacer clic en la imagen para ver la película)

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