Comentario al Apocalipsis
San Cesáreo de Arlés

Descripción
Esta magnífica edición de la Editorial Ciudad Nueva (1994), perteneciente a su prestigiosa Biblioteca de Patrística, constituye un hito para el mundo de habla hispana, al tratarse de la primera traducción al castellano de este venerable texto, enriquecida con la introducción, traducción y notas del erudito Eugenio Romero Pose.
La obra derrama luz sobre el libro más misterioso del Nuevo Testamento, el Apocalipsis de San Juan, apartándose firmemente de los errores del milenarismo literalista —aquella falsa creencia de un reino terrenal antes del juicio— y de las interpretaciones puramente futuristas o temporales. Por el contrario, San Cesáreo nos enseña el sentido católico y espiritual: las profecías del Apocalipsis se cumplen de manera mística e ininterrumpida en la Iglesia Católica desde la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo hasta el fin de los tiempos.
- El texto sigue fielmente la corriente exegética latina iniciada en el siglo IV por Ticonio, la cual influyó profundamente en colosos de la fe como San Agustín. San Cesáreo recoge esta rica herencia, depurándola para el bien de las almas.
- El libro desentraña con maestría cómo cada figura profética —los candelabros, las estrellas, los jinetes— representa el combate místico entre el Cuerpo Místico de Cristo (la Iglesia de los humildes y justos) y el cuerpo de Satanás (los soberbios y los herejes).
- A través de sus páginas, dispuestas originalmente en forma de homilías populares, el autor exhorta constantemente a la necesidad de la confesión, las buenas obras, la limosna y la disciplina eclesiástica para conservar la gracia del bautismo frente a las tribulaciones del mundo.
San Cesáreo de Arlés fue uno de los más grandes pilares de la Iglesia en la Galia meridional del siglo VI. Nacido en torno a los años 469/470 en Châlons-sur-Saône, en el seno de una acomodada familia de ascendencia romana, abrazó tempranamente la vida religiosa y se formó como monje en el célebre monasterio de Lérins, aunque su precaria salud lo obligó a trasladarse a Arlés, donde fue ordenado sacerdote. Consagrado obispo de aquella importantísima sede en el año 502, su largo y ejemplar pontificado estuvo marcado por una entrega heroica a los pobres, la defensa de la fe ortodoxa frente al arrianismo y el semiarrianismo, y una incansable labor conciliar. Soportó con fortaleza cristiana falsas acusaciones de traición política por parte de los gobernantes de la época, saliendo siempre indemne y victorioso. Reconocido por el Papa Símaco, quien le otorgó el privilegio del pallium y la delegación apostólica para toda la Galia, San Cesáreo pasó a la posteridad como el más grande predicador popular de la antigua Iglesia latina después de San Agustín, entregando su alma a Dios con gran fama de santidad el 27 de agosto del año 542.


